Y sin pestañear, ha pasado más de medio año.

La semana pasada me preguntaron/comentaron/dejaron caer que quizás este blog no siga vivo… y no es algo que me haya planteado, pero sin darme cuenta hace más de medio año que no posteo nada.

Recuerdo que me cabreé gracias al Sr. Ministro de InJusticia, que posteé sobre la Ley de Tasas y otras mentiras, me quedó pendiente postear sobre el estado del bienestar y el estado del estar mejor, sobre los servicios fundamentales a dos velocidades, sobre la necesidad de tener un seguro médico privado en Madrid por el miedo que dan las reformas que están tirandonos sobre la cabeza… También recuerdo que este era un blog personal, en el que rara vez me iba metiendo en jardines, y ahora ya no sé qué es.

Supongo que no tengo la misma necesidad que antes de escribir… desde luego no tengo la misma cantidad de tiempo libre disponible, porque trabajo las mismas horas mucho más esparcidas a lo largo del día, tengo jornada partida incluso los viernes, y es un auténtico suplicio por la sensación de pasar la semana yendo de casa al trabajo y vuelta a casa y de descansar tirada sin aprovechar el tiempo de ocio el fin de semana. Apenas tengo tiempo ni ganas para leer, lo más que hago es engancharme enfermizamente a alguna serie y verla del tirón… poca historia más, eso y los videojuegos… que tampoco me tienen tan emocionada como hace un año. Ahora he descubierto uno nuevo que me flipa porque tiene vistas. Soy muy básica.

Supongo que esto seguirá así, que seguiré queriendo al blog, y no queriendo dejarlo morir, seguiré actualizando de vez en cuando… sobre todo con las wishlist de navidad Fnac… porque ahora voy a necesitar muchas más cosas que no puedo permitirme, supongo.

En estos momentos todo son suposiciones, porque estoy de vacaciones y no me apetece pensar en serio… así que hasta más ver, amiguitos.

Mi año mes a mes.

Enero: Empecé descansando hasta el día de Reyes… pero a la vuelta empezó el caos laboral, con las ventas de carteras que me iban a llevar a asumir más trabajo y más responsabilidad por el mismo salario.

Febrero: Mi cumple. Una fiesta fantástica rodeada de amigos y con regalos guays. Lo pasé fenomenal y acertaron con los regalos hasta en el trabajo.

Marzo: Renovación laboral con contrato basura. La frase más sonada fue “en septiembre veremos cómo está organizado el despacho y si seguimos necesitando tus servicios”. Llevaba más de dos mil expedientes yo solita… xD. Lo peor del mes fue rechazar una oferta laboral que me apetecía la vida, porque “si te renuevan no te la juegues, que las cosas están muy mal y si no encajas aquí no sabes cuánto vas a pasar en el paro”. Barcelona y el parque del laberinto. Fue un mes fantástico por todo lo no laboral.

Abril: valorar las opciones laborales que se presentaban ante mí fue duro. Decidir que iba a apostar por el cambio, empezar a spammear los curriculums que llevaba enviando desde enero. Empezar un blog “profesional” por las razones equivocadas, con el resultado obvio: proyecto parado indefinidamente.

Mayo: Celebrar el cumpleaños de mi madre, verla comer a gusto unas bacon cheese fries y un tercio de costillar en el Foster Hollywood.

Junio: Peleas por las vacaciones. Intentar organizar cuántas semanas de agosto podía y quería gastar. Usar el truco de congelar de Moli y cruzar los dedos para que funcionara.

Julio: Entrevista para la asesoría jurídica de Banesto. Muchísima ilusión que acabó en nada. Jugar a ser una víctima por coger sólo dos semanas en agosto “porque se me acaba el contrato en septiembre y no he devengado días para cogerme tres” mientras pensaba en puentes y navidades largas.

Agosto: Cambio meteórico de trabajo. A muchísimo mejor. Comprobar que el truco de Junio había funcionado.

Septiembre: Integración en la nueva oficina con la gente volviendo de vacaciones. Encantada con el cambio. Celebrar el cumpleaños de mi padre comiendo fuera, a cuerpo de reyes, sin tener que cocinar, fregar ni limpiar nada.

Octubre: Empezar a ver las cosas negativas. Mis compañeros C. C. R. G. M. y otro montón de gente maravillosa que he conocido en la empresa.

Noviembre: Mami nos dio un susto de cuidado. Hacerme consciente de lo frágiles que somos. El miedo instalándose en mí, para quedarse, me temo.

Diciembre: Las vacaciones no disfrutadas por el cambio de trabajo me están sentando de lujo. Vacaciones de Semana Santa en Londres confirmadas, todas las reservas hechas.

La tónica general del año ha sido de cambios a mejor, pero los pocos baches han sido muy duros… espero algo más del año que empieza en unas horas.

Feliz 2013 a todos, que el año sea benévolo y nos traiga trabajo, salud y felicidad.

La Ley de Tasas y otras Mentiras.

Estoy harta de leer aberraciones sobre la ley de tasas. No voy a defenderla, porque es una basura que, desde mi humilde punto de vista profesional, roza la inconstitucionalidad desde el ángulo de la más descarada de las sinvergonzonerías.

Nuestro Ministro de Justicia se ha sacado de la manga, y por vía del decretazo, tan de moda en la era Aznar, una nueva ley de tasas judiciales. No voy a hablar de las toxicológicas, porque no conozco el campo ni me interesa lo más mínimo. En España, hace unos años, el Tribunal Constitucional dijo que era legal, constitucional y además legítimo cobrar tasas por el acceso a la jurisdicción civil. Se impuso una tasa de acceso a la justicia para los procedimientos civiles, nadie dijo nada porque era razonable y sensato, y además era ligeramente disuasorio y ayudaba a desatascar los juzgados evitando demandas ridículas de “me ha robado la bici, que me pague daños y perjuicios porque he llegado tarde a mi cita con el profesor de tai-chi”

Luego vino la reforma de la ley para la agilización procesal, que introdujo la aplicación de tasas en los procedimientos monitorios, que hasta entonces estaban exentos. Fue razonable, porque el monitorio era usado y abusado por bancos para reclamar los incumplimientos de contratos. Señores lectores, el monitorio no fue pensado para que los bancos se aprovecharan de él, sino para reclamar facturas originales y reducir los niveles de morosidad comercial. Pretendian que tener una factura impagada viniera siendo como tener una letra de cambio pero un poco menos automático. Y los bancos lo usaron en su beneficio y se dedicaron a plantear monitorios por incumplimientos de contrato, que desde el punto de vista más purista de la técnica procesal, deberían tramitarse a través de un ordinario declarativo que ratificara el incumplimiento y la validez de la reclamación anticipada del total del contrato. Entendí, aunque en un primer momento no apoyé, la modificación. Luego leí que las personas físicas quedaban exentas y me congratulé. Luego me enteré de que las empresas de reducido tamaño también y me enfadé, porque iban a surgir como setas escondiendo que se trataba de filiales bancarias poco transparentes. Pero no me parecio un abuso del legislador.

El pasado veinte de noviembre me hirvio la sangre. Leí el proyecto de ley apenas doce horas antes de su publicación en el BOE. Cuando empecé a leer la exposición de motivos me entraron ganas de llorar por lo macabro de dicha exposición. Se resguardan en el Tribunal Constitucional, en que dijo que era legal pagar por acceder a la Justicia, en que es razonable que alguien pague por los servicios que recibe del estado, obviando desde la más descarada de las faltas de respeto que los ciudadanos ya estamos pagando el mantenimiento de las instituciones judiciales, ya estamos pagando la justicia gratuita, los fiscales, los magistrados, la doble instancia, la nueva oficina judicial y los sueldos de los pedazo de soplagaitas que se dedican a ignorar el 21% de IVA, las retenciones del IRPF y las cuotas de autónomos.

Señores políticos, no se han conformado ustedes con robarnos descaradamente, con malversar, con hacer tráfico de influencias, con llevarselo caliente en bolsas de basura, con colocar a dedo a sus jerifantes en puestos de responsabilidad que no están preparados para desempeñar. No, además, al ver que se está agotando la bolsa, que no basta con retrasar la edad de jubilación, que el euro por receta no va a sanear todo lo que se han llevado, nos cuelan por la delantera y con todo el descaro el repago de la Justicia. Unas tasas absolutamente desorbitadas y que eliminan el acceso a la segunda instancia de más del 50% de la población. Que consiguen disuadir a los más necesitados de que demanden mientras siguen permitiendo que los grandes emporios sigan haciendo de su capa un sayo y colapsando los juzgados. Señor Gallardón, y esto lo trataré en la próxima entrega, si quiere usted desatascar los juzgados debería comenzar por redactar una buena ley de mediación y arbitraje, por extender la figura y por abaratarla. Todo lo demás son mentiras y más mentiras, y ojalá llegue la Comisión Europea, entienda que las tasas son abusivas conforme a la Ley de Consumidores y Usuarios y le joda a usted el chiringuito muy a pesar de que tenga el poder Judicial absolutamente enmierdado y politizado. Y ojalá yo pueda verlo.

Pero señores periodistas, desinformadores y caraduras varios, un monitorio por un imago en una comunidad de vecinos no cuesta mil euros, demandar un despido improcedente no está gravado con la tasa 696 y recurrir administrativamente una multa no se paga a 200 euros. Si quieren ustedes INFORMAR a los ciudadanos, si realmente quieren explicar qué esta pasando y de verdad, contraten a periodistas especializados, o mejor aún, saquen del paro a uno de los muchos abogados competentes que lo pueblan y que él se encargue de explicarles, a prueba de caraduras, desinformadores y mentirosos, de qué va la Ley de Tasas de verdad.

En la siguiente entrega de “cabreada como una mona” les hablaré de mi idílica visión del mundo de los conflictos de intereses y de las formas que se me ocurren de gestionarlos. Y en la siguiente espero tener paciencia para explicar la verdad de la ley de tasas.

Como dato anecdótico, la agencia tributaria ha estado colapsada por la cantidad de personas que intentábamos rellenar una 696 sin éxito. Hasta han instalado un codex activ-x o algo así para poder acceder al formulario. Tres hurras por el trabajo bien hecho.