Mi subconsciente es malo, malo, malo.

Tengo un cliente un poco pesado. Bueno, un moroso en realidad, pero cliente de mi cliente a fin de cuentas. Está intentando solucionar su problema, pero sólo de boquilla. Y me cae fatal. Yo pensaba que era porque me hace trabajar en vano, que seguro que también, pero hoy he recordado algo y me ha explotado el cerebro, haciéndome recordar otros tiempos, cuando yo aún vivía en mi primera casa de la capicapicapitaldelreino.

Corría el año… no sé, pongamos 2010. Yo aún no había descubierto el potencial de mi voz, así que me sorprendía que la gente se fijara en ello. Salvo una aventurilla pasada al que mi voz le ponía mucho (eso decía él) y me pedía que le dijera guarradas por teléfono, que le leyera relatos, etc, jamás me habían dicho mucho más, así que me sorprendió lo que pasó.

Un señor diez años más experimentado que yo empezó a mamonear conmigo en este mismo blog, y en otros que ya no tienen enlaces afectivos con este. Me hizo gracia el juego y se lo seguí. Y acabó sucediendo: el teléfono. Él no quería hablar conmigo porque decía que tenía la voz muy fea, pero como os digo, yo jamás le había dado importancia a aquello, así que se lo dije. Tenía razón. Él se quedó absolutamente obnubilado con mi voz y yo me quedé absolutamente espantada con la suya. Pero era tan interesante y tan HOMBRE (nos ha jodido, con su edad sólo le hubiera faltado no serlo xD) que me dio igual. La historia no llegó a buen puerto, ni a malo ni nada, simplemente el príncipe azul destiñó dejando comentarios groseros y descubriendo sus intenciones reales para con una de las bloggers que por aquel entonces ya había desaparecido de mi vida, junto con algún lastre más. Y fin.

Y esta tarde, yendo a la compra, me he cruzado con un apuesto madurito que me ha recordado aquello, inmediatamente he recordado su voz y ¡¡HORROR!! he descubierto la razón de que el cliente de mi cliente me caiga como el culo. Mismo timbre, misma forma de hablar, misma sensación de inseguridad patológica que en la primera conversación con este señor… mi subconsciente es un poquitito hijo de puta y tres años después ha tenido que volver a recordarme todo aquello. Me ha hecho gracia que alguien de cuarenta tacos ligue como un mocoso de trece, por medio de las amigas, y me ha hecho gracia que me haya quedado tan mal rollo de aquello que con un simple parecido de voz soy capaz de crucificar a alguien.

En fin, espero que le vaya todo bien, que haya dejado de necesitar mentir y ocultar y que haya encontrado otra compañera de viaje… no tenía pinta de llevar muy bien la vida de (padre) soltero. También espero que mi moroso pague de una puñetera vez y toda esta historia vuelva al baúl del que jamás debió salir.

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