Los derechos de autor contra el progreso de la tecnología.

Yo también quiero unirme a la marea de post criticando la caída de Megaupload. Porque es verdad que lo utilizaba para hacer cosas malas, cosas ilegales, cosas nazis como visionar series y películas, los discos soy tan jodidamente masoquista que me los compro en las temporadas de ofertas de la FNAC y si no me gustan me jodo, y los juegos… en fin, juego a dos gratuitos y a uno de pago mensual y con claves de acceso para crear la cuenta, no se puede piratear eso. Pero tenía unas fotos de mis carnavales en Granada que nadie me va a devolver, y que el FBI, en su búsqueda interminable de delincuentes y criminales que violan los derechos de autor como si la vida les fuera en ello, van a ver, a pesar de que son privadas y de que estaban en Megaupload y no en Facebook porque YO no quiero hacerlas públicas. Pero ya lo son. Además tenía aún guardadas unas cuantas copias de seguridad de trabajos y de historias previas a mi entrada en dropbox que estaban ahí por algo.

Pero mi caso es meramente anecdótico. Porque hay empresas que, además de sus archivos, han perdido cientos de millones de dólares en los proyectos que tenían almacenados usando Megaupload como disco duro, cientos de millones de dólares que son igual de verdes e igual de valiosos que los dólares que está perdiendo EMI music, Universal Music, Sony Music, porque la gente se baja la mierda de discos enlatados de sus artistas de todo a un euro. Y además son igual de verdes e igual de válidos que los dólares que pierden las editoriales que se enriquecen vendiendo copias de superlujo del Quijote, obra que, para los que desconozcan los términos de la Propiedad Intelectual en España, es de dominio público y se puede leer libre y gratuitamente de la Biblioteca Cervantes, al igual que todas las obras de la literatura española cuyos autores lleven más de setenta años muertos.

Ayer veía una charla de Hernán Casciari en Youtube, hablando sobre cómo eliminar a los intermediarios. Sobre cómo ha conseguido tener una editorial que publica una revista que cuesta 16 euros, pero que vende los ejemplares por cientos de miles, que además edita libros cuyos beneficios van, en un 50%, al autor, y no un 8% como con Mondadori, Grijalbo, etc. Una editorial que no da el 50% del beneficio al Corte Inglés, ni al Carrefour, sólo por poner a disposición del gran público sus libros. Una editorial que no infla el precio de los libros de forma artificial para que les quede margen de beneficio a ellos y no en interés de los autores.

Pero lo que realmente me indigna es cómo se trata a la industria del entretenimiento en este país. En este mundo, que es peor. Una vacuna contra el SIDA puede tener una patente de cincuenta años, pagando por tenerla, claro, que nada es gratis. Un modelo de motor que contamina menos y que usa de forma más eficiente los recursos puede tener una patente de cincuenta años. Un panel solar con unos depósitos que maximizan la eficiencia de la energia recogida puede tener una patente de cincuenta años. Un medicamento que mejora la calidad de vida de enfermos de esclerosis múltipe puede tener una patente de cincuenta años. Y vemos a los actores, cantantes y chuloputas de turno poniendo el grito en el cielo porque las farmacéuticas dejan a los niños de África morir porque no pueden pagar el precio de la patente. Pero ellos disfrutan de derechos de autor durante toda su vida y los setenta años siguientes a su muerte por hacer una puta basura de películas como Mentiras y Gordas, una puta mierda de disco como Paraísos Express, un plagio de libro como Ya no sufro por amor. Y eso no es un delito ni una vergüenza, porque son autores de cultura. ¿Y qué cojones son los ingenieros que han diseñado el motor y la placa solar? ¿Qué son los biólogos que se dejan su vida en un laboratorio intentando mejorar la vida de los demás? ¿Acaso es justificable que se proteja más a un autor que produce mierda para enriquecerse que a un investigador que busca mejorar la calidad de vida global? Vamos, hombre, que ya está bien el nivel de hipocresía que estamos alcanzando en este país, y en este planeta.

Y por supuesto, contad con que no voy a gastarme ni un euro en cultura en el marzo negro. Porque de alguna manera tenemos que hacer llegar a la industria del entretenimiento que no somos tontos y que nos hemos cansado de ellos. Stop SOPA, PIPE & SINDE. Stop a las violaciones sistemáticas de derechos fundamentales para favorecer a los cuatro gordos de siempre. Stop al abuso y a la manipulación del pueblo desde la producción cultural.

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