Cuando vuelves a querer crecer

Hace unos días Bich hablaba de matemática relacional, una forma sencilla de clasificar cómo puede influirnos la gente de nuestro alrededor. A mí me ha pasado algo muy raro este último mes de septiembre: he conocido a alguien que no sólo me suma y me multiplica y me potencia, me hace querer crecer, me anima y me valora más de lo que yo misma soy capaz de hacer. Es alguien especial, una de esas personas que tienen un magnetismo único, que te hace querer estar cerca suyo y aprender todo lo que puedas y crecer y enriquecerte gracias a la experencia de tenerlo cerca.

Sin entrar en más detalles diré que ha sido una casualidad de las que agradeces toda la vida, y que su influencia, su forma de ser y de vivir, tenerlo “cerca”, me han hecho plantearme mi forma de vida, mis aspiraciones, mi olvidada ambición. Me ha dado ganas de moverme para no caducar. Este año el curso empieza tarde para mí, pero empieza otra vez, tengo otro cole al que volver, empezando por quererme más a mí misma, cuidarme y mimarme de una forma que ya había olvidado que existía, sacar de nuevo lo mejor de mí, todas esas cosas maravillosas que tengo para ofrecer al mundo y que se estaban quedando oxidadas en el fondo de mí misma.

Hay que ver la de vueltas que da la vida y lo sorprendentes que pueden llegar a ser. Y qué suerte he tenido con esta vuelta en concreto.

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