Quizás ahora puedes empezar a darme pena.

Suena: Señorita, versión acústica de Christina Rosenvinge y Joaquín Sabina.

Pensamiento inconsistente: Las vueltas que da la vida.

Alguien me ha llamado por teléfono. Desde un número que no está en mi agenda. Sabe Dios por qué no está, quizás nunca haya estado, o quizás lo borré en un momento de lucidez. He respondido, y de repente nada. Es la segunda vez que me pasa. Alguien me llama. No sé si para averiguar algo, o simplemente llama para hablar y luego se arrepiente.

La primera vez pensé que había sido un error. La segunda vez ya no lo creo. Alguien me ha llamado con una intención clara que desconozco.  Pensado en quien podría ser, he recalado en una web que en su día me hizo reír, emocionarme, desear y, finalmente, abrir los ojos, llorar, maldecir, recoger mis pedazos y recomponerme. Como podéis imaginar, no voy a poner el link, porque no le quiero ni como referencia.

Me ha hecho un montón de gracia ver el relato que tiene subido. Pensaba que no iba a ser capaz de volver a reutilizar ese espacio. Lo borró cuando descubrí el pastel. Supongo que la otra no se sintió precisamente agradecida, si es que llegó a verlo. Sólo sé que él lo borró en menos que canta un gallo. Cerró y borró los comentarios para protegerse y mantener a salvo su máscara. Pero para mí era tarde. No demasiado tarde, sólo tarde. Más tarde de lo que nunca quise que llegara a ser. Fue el primero en algunas cosas, y casi el último. No pondré la mano en el fuego, pero hay cosas que descubrí con él que toleré, pero que no me apetece repetir a priori.

Hacía ocho o nueve meses que no intentaba teclear su dirección. Hay cosas que son muy difíciles de olvidar para mí. Cuando tecleo muchas veces algo, suelo acabar por aprendermelo. Creí haberlo olvidado, porque ha habido otros después, otras historias, otras diversiones y otras personas. Pero al ver que alguien no se atreve a hablar conmigo, he pensado en él. Para qué nos vamos a engañar, ha sido el tercero. Pero me he acordado de él. Y he vuelto a recalar en su “espacio”.

Cuando he leído un relato pesimista y, como siempre, mal escrito, no he sentido satisfacción, ni que mi venganza se había autodesarrollado y actuado por sí misma. Casi he sentido pena. Pena porque alguien como él no sabe vivir sin mentiras, y cuando necesitas inventarte tu vida para gustar es porque tienes un problema serio digno de tratamiento médico especializado.

Ha sido el punto en el que los recuerdos han dejado de ser amargos para ser, simplemente, patéticos. Ha sido el momento en el que me he dado cuenta de que ya no necesito pensar en él con resentimiento, ni con ansias de venganza, ni con dolor. Simplemente hay indiferencia y quizás un poco de pena. Es un tipo con potencial. La pena es que se queda en eso, potencial.

Antes deseaba que la vida le devolviera lo que merecía. Ahora sólo pienso que ojalá la vida sea benévola con él, porque como reciba una cuarta parte de lo que ha sembrado, de verdad va a terminar como en su cuento. Con un golpe seco en la cabeza que acabe con su sufrimiento.

Perdón por la hiperactividad. A pesar de que no he parado en casa ni viernes ni sábado he tenido tiempo de postear cienes de entradas. Normal que paséis de comentarlas. Que tengáis una buena semana. Incluso aquellos que no la merecen. Hoy me siento generosa.

Anyway, espero que sea la segunda persona en la que he pensado. Y que vuelva a llamarme pero esta vez hablando.

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4 comentarios

  1. En fin… Hay una frase que me gusta mucho: “El amor ha hecho grandes héroes, pero también grandes idiotas”.

    Ah, ya me gustaría a mí estar a ocho o nueve meses de todo lo pasado ;). Todo sirve para algo, aunque nada sirva para todo…

  2. Yo soy de las segundas, Biónica, desgraciadamente, pero de las segundas.

    A mí me gustaría estar a año y medio, porque hubiera pasado esa y las que le han seguido 😦

  3. No te amusties…y para un poco con la hiperactividad, que no me da tiempo!!!

  4. Bueno, ya voy superando la hiperactividad y poniéndome al día.

    Es curiosa la forma que tiene el tiempo de poner los recuerdos en su sitio. Aprovecha esa sensación de distancia con lo pasado, y piensa que de aquí a ocho o nueve meses, esa misma sensación es la que tendrás con respecto a lo que te está pasando ahora. Y ya de camino, si la vas adelantando, pues mejor…

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