Cerrado hasta nuevo aviso.

Amita de mi casita

Suena: Con las manos en la masa, de Vainica Doble con Joaquín Sabina.

Pensamiento inconsistente: si llego a ser un poco más tonta, ni nazco.

Bueno, como no sabía con qué actualizar, os deleito con una receta sencilla y riquísima, para que veáis que también soy buena cocinera xD (Especialmente dedicada a Staros :))

Ingredientes: (para cuatro personas)

1 pimiento rojo no muy grande
1 pimiento verde no muy grande
1 cebolla pequeña
1 tomate maduro
2 dientes de ajo
2 berenjenas
champiñones o setas
300 gramos de carne de ternera picada
salsa bechamel para cubrirlas
queso especial para gratinado
aceite de oliva
sal
pimienta
agua

Preparación:

Se vacian las berenjenas y se parte en cubos la carne (normalmente no se echará toda la carne de las berenjenas porque si no nos saldra demasiado relleno, podemos reservarlo en un bol tapado con papel de plastico para cocina para evitar la oxidación y aprovecharlo para un pisto). Se pone a rehogar en una sarten con un chorro de aceite de oliva y agua, mientras se hace se pican las verduras en trozos pequeños, cuando la berenjena vaya haciendose y este ya blandita se le agregan la cebolla, el tomate, los pimientos, sal, pimienta y otro poco de aceite.

Mientras, en otra sarten, se pone un chorrito de aceite de oliva con el ajo bien picadito en juliana, cuando vaya cogiendo color doradito se le agrega la carne picada, se sofrie un rato, cuando vaya estando hecha se le agregan los champiñones o las setas picadas en tiras finas, se sofrie hasta que la carne haya perdido el color rojo-crudo y se echa a la sarten de las verduras, se le da un golpe de fuego, se comprueba que va bien de sal, si esta soso se le pone un poco mas de sal, otros dos minutos de sarten y se retira, si está salado se deja sosa la bechamel y fiesta .

Encendemos el horno a 200º, pero sólo la placa de abajo, y mientras se calienta rellenamos las berenjenas con la mezcla de la sarten. Las apartamos ya colocadas en la bandeja del horno y hacemos la bechamel en una sarten.

Para elaborar la bechamel se utiliza leche y se le va agregando harina lentamente mientras se remueve para que no salgan grumos. Si la leche esta muy caliente saldran grumos, si esta muy fria también, y si no echamos lentamente la harina tambien, asi que leche templadita, y harina poco a poco removiendo constantemente, tendremos que poner un poco de sal para que no sepa sólo a harina. Buscaremos que quede espesa, como un chocolate caliente de los de la abuela, para que se mantenga encima de las berenjenas sin escurrir. Si no os atreveis comprais un sobre de gallina blanca o la marca que sea y seguis las instrucciones, que suelen ser echar leche y batir

Se pone la bechamel por encima de las berenjenas, se pone un poco de queso por encima y se mete al horno. Se deja hornear 15-20 minutos y luego se cambia el programa del horno y se le ponen las dos placas para que se gratinen el queso y la bechamel, cuando coja color rojito se saca del horno y voila! listo para servir. Cuidado que quema

Resultado:

Público objetivo: riojano maduro.

Suena: Cuánto te echo de menos, de Vega.

Cita del día: ¿Lagarta? ¿Has dicho lagarta? ¡No sabes lo corta que te estás quedando!

Pensamiento inconsistente: ¿Los hombres huelen la desesperación? ¿El mundo está loco? ¿Tengo algo que ve todo el mundo excepto yo? La vida es duda.

El sábado salí. Supongo que con el título de la entrada ya se podía imaginar, pero confirmo: salí.

El recuento es positivo mirandolo por cualquier lado. Salí de casa con X euros y entré con X+6 euros. Cené en uno de los sitios más típicos de La Rioja, con bodegas y un restaurante fantástico que prepara los mejores pimientos que he probado en mi vida. Salí con mis amigos hasta pasadas las seis de la mañana, fui toda la noche a coronitas con tequila. Fui muy buena mujer y no me dediqué a sacar copas a ningún hombretón. He vuelto a casa con seis euros más de los que saqué, pero todo tiene explicación. Era el cumpleaños de mi amigo y la otra amiga de la minicuadrilla me debía el dinero del regalo. Anyway, seis euros más no está nada mal. Sobre todo teniendo en cuenta que ayer tenía resaca.

Salí por un pueblo en el que no salía desde hace más de diez años, y nunca me lo había pasado tan bien allí. Aunque una de las últimas veces que salí también me ligué a un riojano madurito. Ahora el pobre ya se cae del árbol, pero en su día no estaba mal… aunque era el ex de mi cuñada xD

Me sorprendí bastante cuando un inglés un poco pasado de rosca me tocó el culo. Debió gustarle, porque repitió. No le crucé la cara porque no tenía ganas de dar explicaciones en inglés, porque su amigo había intentado ligar con nosotras de una forma bastante educada e ingeniosa y porque quedé perpleja. Hacía un montón que no me tocaban el culo en un bar porque sí. Me descojoné de la risa. Pensaba que esas cosas dejaban de suceder a una edad que rondaba los veinte o veinticinco. Y que era típico de los quince. Pero me temo que estaba equivocada.

Me pegué un susto de muerte, porque creí ver a alguien conocido, pero era una falsa alarma, seguramente algún hermano secreto, porque el parecido físico era innegable, aunque éste debía tener como diez años más. Me costó poco captar su atención, aunque no sé cómo lo hice. Mientras nenitas despampanantes se acercaban y le rodeaban (a él y a su amigo) yo me divertía con mis amigos y jugaba a hacerle caidas de ojos a partes iguales. El hombre debía rondar el medio siglo, aunque quizás algo menos, porque vestía muy juvenil para haber llegado a los cincuenta. Yo estaba contenta sabiendo que podía llamar la atención de alguien de similares características a una presa huida anteriormente. Y estaba contenta porque iba por la segunda cerveza con tequila.

De repente mi amiga se puso a charlar con un grupito de chicos más jóvenes, pero igualmente más mayores que nosotras, supongo que el abanico iba de los treintaypocos a los cuarenta. Soy mala calculando edades. Los chicos eran simpatiquísimos. Me reí un montón. De repente lanzo la caida de ojos y… oh wait!! ha desaparecido!! Snif. Qué rabia, con lo que me había gustado. Mierda. Bueno, centrémonos.

En menos de diez minutos mi amiga estaba intentando meter baza, yo estaba charlando animadamente con el grupo de chicos y ellos estaban ignorando a mi amiga. Es algo que no entiendo. Entró ella, está bastante más buena que yo, llevaba casi el mismo escote y sobre todo les entró ella. ¿Por qué acabé yo con ellos? Who knows. La verdad es que eran encantadores, y si volviera a salir por la ciudad no me importaría encontrarme con ellos de nuevo, sobre todo con el que parecía el más mayor. O con el que parecía el más jóven. Vamos, los más inmunes a mi charla desenfadada, que es que me gustan los retos xD

Hacía un montón de tiempo que no salía hasta tan tarde. Y sobre todo hacía un montón de tiempo que no volvía a casa con semejante subidón de ego. No me hubiera importado terminar la noche de otra manera, pero en realidad tampoco iba con idea de ligotear, ni de conocer a nadie, ni nada por el estilo, así que mi balance no puede ser más positivo, y empiezo a tener claro que mi campo de acción está en los maduritos interesantes… no es algo que me desagrade especialmente, pero tampoco es algo que me haga feliz… porque a mí hasta hace nada los de más de 35 me daban miedo.

Ups, qué tarde se ha hecho, perderé el autobus! Maldición!

Perlas de amor y sabiduría maternales.

Suena: Por Quererte, de Efecto Mariposa.

Pensamiento inconsistente: yo también te quiero mami.

– Hija, yo cada vez que vienes te veo más guapa.

– Nena, desde que estás en Madrid se te está poniendo la piel mejor.

– Min, de verdad, tu has perdido, te veo mas fina, mas delgada, mas guapa.

– No quiero que vengas a casa, porque cuando vienes parece que hay algo, pero cuando te marchas me quedo sola y cada vez me da más pena.

– ¿Tienes que marcharte el lunes? ¿De verdad? ¿No puedes quedarte más?

– Lo bien que estás sola, luego te casas y te conviertes en criada de tu marido.

– Tu así estás bien, si no quieres cocinar te comes un par de frutas y ya, pero si tienes marido tienes que cocinarle.

– Hija mía, no te cases, tu no te cases, que si te casas ya estás acabada, échate amigos, pero tu no te cases.

– Ay, Min, qué bien estás sin hijos, que los hijos no dais más que guerra y preocupaciones. Tienes un hijo y ya te pasas el resto de tu vida preocupándote.

– Si te casas con uno que te ayude en casa mal porque lo mismo es mariquita, si te casas con uno que no te ayude peor, porque todo lo tienes que hacer sola y sin que nadie te ayude.

– Si te hacen mal una cosa, tu que la repitan, hija, porque luego si no se vuelven como tu padre, que como me lo va a hacer mal, pues que lo haga yo directamente, porque para hacerlo dos veces se queda sentadorro.

(Ojo al dato, mi madre lleva más de cincuenta años felizmente casada con mi padre)

La proposición.

Suena: Dime que me quieres, de Tequila.

Cita del día: -Joder, yo no he pedido ésto, quería ésto (señalando la foto del menú) -Tranquilo, pequeño, ya aprenderás a leer, ésto es ésto y tu has pedido ésto de aquí abajo (siempre señalando el menú)

Pensamiento inconsistente: ¿Cómo lo hacen los geles antibacterianos para lavarse las manos sin agua para dejar las manos limpias? ¿Es que si vas al baño y te lavas normalmente no sale negrillo? No entiendo el principio por el que se rigen.

Aquí estoy yo, one more time a horas intempestivas. Son las seis menos diez de la mañana. Me pican los ojos. Tengo sueño. El pelo mojado. El labio a punto de sangrar por la sequedad que me provoca la city. La maleta casi terminada. Casi. ¿Y en qué me entretengo? En proporcionar a mis ocasionales visitantes (y a los de siempre, of course) una peli que ver el domingo por la tarde, o mejor, el lunes a precio reducido.

Ayer salí a embellecerme un poco después de una dura jornada laboral. Mi amiga del master llegaba de sus vacaciones y yo la echaba de menos. Pero no estaba de humor. Tenía que lamerme las heridas durante toda la tarde en mi casa, sola y abandonada, con la actitud ridiculamente pesimista de alguien que no tiene ganas de pelear contra gigantes imaginarios. Así que, tras el pretexto de los cortes en la línea 6, decidí excusarme y no salir. Claro que no contaba yo con dos cosas, a saber:

1) Mi amiga es más persuasiva de lo que parece, la muy bruja.

2) Mi autobús pasaba por delante del cine.

El detonante definitivo fue la cosa 2. Había una mujer esperando para montarse en el autobús. Y en el momento en el que el vehículo paró y abrió sus puertas, un cartel desde las puertas del cine me hizo una señal con el dedo. Parecía decirme “venga, chata, no jodas más y bájate del bus” así que no me quedó mucha más opción. Antes de que el conductor arrancase piqué y bajé del bus. El hombre debió pensar “joder con la vaga de los huevos, se mete al bus por una parada” pero no, señor conductor, que iba para tres y un transbordo de otras cuatro, ¿qué culpa tengo yo de que los carteles de cine me hablen?

Total, que después de esperar media hora en una terraza hasta que abrió la taquilla (provisionalmente cancelada la primera sesión, qué vamos a hacerle) y dejarme más de dos euros y medio en un puto café con hielos, me hice con mi entrada y me acomodé perfectamente. Datos relevantes, éramos seis personas, cuatro iban en grupos de a dos y dos solas, yo era una de las almas solitarias. La peli era en V.O.S.E. Las dos parejas de dos mujeres se comunicaban en inglés, aunque estoy en posición de afirmar que al menos una de ellas era autóctona, porque pronunciaba las erres demasiado bien y además intercalaba algún “joder” en su conversación. El chico de la fila de atrás no sé qué idioma frecuentaba habitualmente, porque como iba solo no abrio la boca. La peli era La Proposición.

Veamos, entretenida, para tarde sin nada mejor que hacer, momentos de bajón o ratos de necesidad de esperanza y fé infinitas.

Previsible.

Divertida.

Optimista.

El mejor personaje, sin lugar a dudas, la abuela. El peor, la exnovia, niña mona luciendose con el único propósito de dar una coartada a la jefa.

Ella es la editora jefe de una gran empresa editorial de Nueva York.

Él es un aspirante a Editor que lleva tres años trabajando para ella.

Ella es una mujer tan ocupada que desvía incluso las llamadas de su abogado. Cosa que nunca se debe hacer, pero mucho menos cuando te llama tu abogado de extranjería para comunicarte que te faltan trámites para obtener un visado.

Ella consigue que uno de sus autores vaya a un programa de la televisión americana, así que nada más llegar al edificio se toma su café del Starbucks eficientemente servido por su asistente, Él, y va a regañar al tipo que tenía que llamar al autor para lo de la tele. El pavo se excusa con gilipolleces que ni yo me hubiera creído. Ella se enfada y le despide. Acto seguido los superjefes de la empresa la llaman para comunicarle que su visado ha sido denegado, como no habla con su abogado, él se encarga de llegar a ella (eso es eficiencia, sí señor). No hay manera de que la cosa se solucione, así que el despedido pasa a ocupar el puesto de ella, que se convertirá en la deportada si no lo soluciona. Imaginación al poder, el asistente entra para librarla de la reunión y ella se inventa que están prometidos. Se van el fin de semana a la casa de él en Alaska y allí ella descubre que no tiene ni idea de quién es su ayudante. A partir de ahí todo viene rodado, es bastante previsible, pero entretiene y alegra la tarde. Yo salí del cine tan como nueva que incluso me fui a tomar algo con mi amiga y sin necesidad de autocompadecerme por lo mala mano que tengo para ciertas cosas.

Puntazos de la peli, varios. Algunos personajes son definitivamente surrealistas, como Ramone, incluso Margaret cuando los guionistas deciden hacer que deje de ser la bruja mala del oeste por unos instantes. Tiene algunos golpes de humor realmente divertidos. Si no tenéis nada mejor que hacer y podéis obtener precio reducido entrad a verla, porque es divertida. Eso sí, recordad, sólo es una peli, esas cosas no pasan.

Consejos.

Suena: La milonga del marinero y el capitán, de Los Rodriguez (otra vez, me encantan!!)

Pensamiento inconsistente: Tarde o temprano todo se repite. Y es un coñazo.

Los consejos son esas sabias palabras que pocas veces se piden expresamente y aún menos veces se siguen, y que, en un porcentaje aún sin determinar, acaban provocando sonoros “te lo dije” de las personas aconsejadoras.

Pedir un consejo lo carga el diablo. Siempre y sin excepción. Cuando pides un consejo sobre un tema, todas las posteriores ocasiones en las que comentes el tema vas a recibir consejos. Es una máxima prácticamente irrefutable.

¿A qué viene ésto? A que anoche, hablando con C. (como prácticamente todas las noches) le repetí varias veces que no sabía sobre qué escribir en el blog mientras desayunaba (sí, me he dormido, ¿y qué? es que cuando ha empezado a llover se ha empezado a estar de puta madre en mi habitación). De repente recordé un episodio que me dejó mal sabor de boca y cierta incertidumbre. Porque quizás pudo haber sido diferente. Que no me importa que al final acabara mal, porque era lo mejor viendo al individuo, pero no sé hasta qué punto la cagué yo sola y hasta qué punto me ayudaron.

Él me gustaba, yo parecía gustarle, nos llevabamos bien, hablabamos mucho y pasamos algunos buenos ratos. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Yo cometí un error que soy incapaz de no cometer cuando tengo delante a un tío encantador, y empecé a engancharme. Sabía lo que había, o eso pensaba. Pero de repente empecé a querer más y no estaba muy segura de cómo manejar el asunto. Pedí consejos a tres amigas, y además dos de ellas le conocían.

Por aquel entonces yo era jóven e inocente, pensaba que cuando pides un consejo tienes que seguirlo porque, si no, vas a ofender a la persona que te lo ha dado, que se ha molestado en hacer un ejercicio de empatía contigo, de intentar ver por qué estás haciendo según qué cosas y cómo evitarlas para que todo vaya mejor.

En definitiva, en cuestión de un mes estaba histérica perdida. Yo ya no quería más consejos, porque seguir consejos de tres personas diferentes, mujeres para más coña, y cada uno en una dirección, daba a todo aquello un poco de aspecto de psiquiatrico.  Yo me decía “todo esto ha empezado porque tu parecías gustarle sin ayuda, Min, así que deja de seguir consejos, coño” pero no podía. Cada vez que hablaba de él con una de mis amigas, empezaban a lloverme consejos. Déjale, sé más dura, disfruta de los buenos momentos, no le cojas el teléfono, llámale, piensa en ti primero, sé fuerte que le gustas, ten paciencia, vete a su casa, no vayas, y así hasta infinito.

A día de hoy sé que las cosas no podían funcionar, por un millón de motivos, pero porque dejé de ser yo misma, que era quien le había conquistado sin darse cuenta. Y a veces me doy cuenta de que es algo que arrastro sin querer, cuando empiezo algo o empiezo a sentirme interesada por alguien, a veces hago ese tipo de estupideces porque creo que no tengo suficiente gancho para mantenerlo, así que voy haciendo estupideces que sólo me lo parecen a posteriori, pero ese no es el tema de hoy.

Desde entonces decidí hacer algo con los consejos: yo los escucho y medito acerca de ellos. Luego actúo según mi opinión. A veces veo que un consejo es bueno desde lejos, que tiene toda la razón que puede tener un consejo, pero mi instinto me pide hacer algo diferente, y normalmente sólo hago caso de mi yo interior, aunque después de valorar los puntos de vista de las personas que me los han dado.

¿Por qué? Porque necesito saber que he sido yo, y sólo yo, quien ha hecho fracasar o salir adelante una determinada situación.  Porque no me gusta la incertidumbre del “Y si…” pero me gusta aún menos cuando actúo de una forma que a mí no se me hubiese ocurrido en años. MinAmigo se desespera un montón de veces, porque para eso es mi mejor amigo, y me da consejos, claro, aunque no se los pida, porque sabe cuándo los necesito, y sobre todo sabe cuándo no los quiero, y entonces también me los da. Y luego me dice “te lo dije”. Pero lo hace desde el cariño que da el entendimiento antiguo. Son muchos años de querernos y cuidarnos. Con C. me pasa algo parecido, se regodea en los “te lo dije” pero sólo el tiempo estrictamente necesario, porque luego está ahí para recoger mis pedacitos sin importarle lo más mínimo si me lo dijo o no.

Por desgracia también he perdido a gente que no ha sabido entender que los consejos se dan para que la gente piense en ello, pero no para que se comporte exactamente así, porque la empatía tiene un límite: incluso el ser más empático del mundo es incapaz de valorar con exactitud cómo se va a sentir el aconsejado si, una vez seguido el consejo, todo se va a la mierda de la peor forma posible. Os digo cómo me voy a sentir yo: impotente, estúpida y cabreada por no haber seguido los dictados de mi propio yo. Porque tras valorar todos los puntos de vista, soy la que mejor conoce la situación, que para eso estoy dentro, y agradezco la luz arrojada sobre dicha situación para que pueda verla de manera más completa, así que es mía la responsabilidad de decidir y de meter la pata hasta la ingle.

Supongo que me ha llevado años entenderlo, pero en el momento que lo hice fue como ver la luz al final de un túnel. Y me gustó.

Algo malo tenía que tener.

Suena: Hace calor, de Los Rodriguez.

Cita del día: -para eso cojo el bus aquí y hago transbordo en príncipe pío -ya, pero yo no tengo abono

Pensamiento inconsistente: a veces la gente se pasa de empática.

Ayer fue un día horrible. Pensaba haber hecho un montón de cosas. Al final no hice nada. Ni siquiera dormir bien.

Cuando me vine a Madrid estaba feliz de la vida, pensaba que todo sería maravilloso, que haría un montón de cosas, que tendría tiempo libre. Poor me.

Los primeros meses, con habituarme y ser la novedad, hice cosas, vi a un montón de gente que me moría por ver, fui a un montón de eventos, incluso vi mis primeras películas en V.O.S.E. Luego llegó la falta de tiempo. El máster me robaba mucho tiempo, además acababa de encontrar trabajo. Sarna con gusto no pica, dicen. Esperaba ansiosa mi primer sueldo de becaria. Eran prácticas remuneradas. La paleta de pueblo no se atrevía a dar candela con el tema. La urbanita se excusaba con el manido “estoy aprendiendo mucho”.

Desde el primer día tuve claro el objetivo: quería uno de los seis puestos de honor del máster. No era sencillo, alrededor de ciento cincuenta personas para seis menciones, iba a tener que ponerme las pilas desde el primer día. Pero estaba motivada. Era lo que yo quería, y pensaba ir directa a por ello. Al principio la competencia fue muy dura. Poco a poco la gente se fue relajando y al final les entraron las prisas a todos. Pero yo fui constante. Muy constante. Tan constante que me jugué un pelo la facultad por conseguir mi objetivo madrileño. Sarna con gusto no pica, dicen. Quedé la tercera de la promoción, lo cual es algo más que una simple mención, lleva premio y me siento orgullosa. Lo he dicho otras veces, pero es lo que tienen las recopilaciones.

En el despacho todo iba genial hasta que un capullo externo me usó de secretaria personal y nadie dijo nada. Ni siquiera me importaba que no me pagaran ni el abono transporte, porque estaba aprendiendo un montón. Me supervisaban, me ayudaban y me enseñaban. Pero aquello fue la gota que colmó el vaso y me harté. Empecé a tomarmelo como lo que era, una mierda de convenio de prácticas por el que ellos tenían a una trabajadora eficiente gratis y yo tenía experiencia demostrable en el curriculum. Como yo no me tomaba tan en serio mi trabajo, no me sentía moralmente capaz de preguntar por mi abono de transporte. Ni por nada.

La ciudad seguía siendo maravillosa. Me encantaba salir por la noche a cenar y a tomar un par de cañas de tranqui. El inconveniente era que todo costaba demasiado. Pero podía asumirlo. A pesar de que no me pagaran en la oficina. Podía asumirlo porque tampoco hacía grandes excesos. Pero cada vez me quedaba menos tiempo. Con todos los inconvenientes era feliz. Además había “conocido” a alguien que me hacía los pesares más llevaderos. Alguien que estaba segura de que tenía una situación personal más complicada de lo que parecía. Alguien a quien presuponía con una cantidad de dificultades que al principio no sabía si quería asumir. Las dí por hechas sin siquiera preguntar, y poco a poco fui dándome cuenta de que no me importaban. Y era alguien con quien me encantaba hablar. Alguien con quien aún me encanta hablar a pesar de todo. Y que espero que vuelva más normalizado de las vacaciones, porque estoy empezando a pensar que es mi puesto de honor personal. Tenía vida social, había conocido a un montón de gente, incluso hice amigos en el máster. Puede que hasta un par de contactos. Y mi ego estaba inflado. Mis compañeros me consideraban una de las mejores. A pesar de que me falta una asignatura para estar licenciada me consideraban una de las mejores. Mi autoconfianza volvió. Hasta un punto en el que me dí cuenta de que yo no sabía lo mucho que sabía de derecho. Tenía motivos para estar orgullosa.

Pero entonces sucedió. Llegó Junio y con él los calores y el aplatanamiento. Llegó el batacazo que me dejó para el arrastre, y los astros empezaron a conjurar para ponerse en mi contra. Sobre todo el astro rey: el sol.

Yo soy una mujer de interior frío. Estoy acostumbrada a un clima que aquí ni se huele. Estoy acostumbrada a que el calor me de un respiro por la noche, y la noche que no me da el respiro es porque anuncia tormenta. Pero esta jodida ciudad no es así. No deja respirar ni por la noche. El calor es asfixiante, el termómetro se mantiene en temperaturas demasiado elevadas las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Y me persuade para quedarme en casa. Y siempre está en obras. Además vivo en un sitio muy cómodo, pero muy mal comunicado. Es una situación nueva, porque estoy a veinte minutos de casi todo, pero a veinte minutos andando, a veinte minutos en metro, y a veinte minutos en bus. Si tengo que combinar dos o más medios de transporte no bajan de los treinta o cuarenta minutos. Es un coñazo. Pero la habitación es exterior y tiene cama de matrimonio. Eso sí, no me libro del maldito calor. Y es que no hay nada perfecto. Ni siquiera lo que parecía la perfección hace unos meses. A pesar de todo tengo que reconocer que soy bastante feliz y me siento bastante bien. Cosa que, desgraciadamente, no tengo clara muy a menudo.

Pero por favor, bajad el termostato, coñe, que a este paso me voy a fundir. ¿En serio puede hacer más calor?