Está sucediendo.

Suena: Feo fuerte y formal, de Loquillo y los trogloditas, again.

Cita del día: ¿por qué tiene que ser así?

Pensamiento inconsistente: ojalá me hubiera equivocado, ojalá estuviera en un error, pero me conozco lo suficiente para saber que no era así.

No. No estoy bien.

Ha sido un año muy duro con un resultado bastante mediocre y para nada acorde a lo que he trabajado. He soportado tanto estrés que me parecía raro no notar síntomas de cansancio, nervios o lo que fuera. Llevaba días diciendo que iba a caer enferma cuando pasara la tormenta. Y está sucediendo. Sólo duermo bien cuando estoy agotada y mi cuerpo no puede hacer otra cosa, tengo dolores de cabeza, me dan tembleques y para colmo por momentos no puedo contener las lágrimas. Son más de las cuatro de la tarde y no sólo no he comido, sino que ni siquiera tengo ganas de comer. He hecho limpieza, y desposesión, una docena de bragas y un montón de ejecutivos con las punteras teñidas o carreras a la basura, y varias camisetas y chaquetas de invierno a la maleta, que necesitaba sitio en los cajones.

Soy una mujer bastante independiente, no diré individualista, porque no llego a esos extremos, pero sí independiente. No me gusta que la gente esté constantemente preocupada por mí, y a veces soy jodidamente arisca cuando alguien me agobia con sus atenciones. Pero tengo momentos en los que necesito sentirme querida y protegida. Y llega un momento en el que necesitas que alguien un poco más allá se preocupe y te acaricie el pelo mientras te promete que todo pasará y que nunca ninguna tormenta no escampó. Pero no hay ese alguien. Y esta tormenta acaba de empezar.

Al fin soy consciente del desastre, ya me he parado a pensarlo y aceptarlo, he interiorizado los resultados del año y no me he dejado vencer mucho por el desánimo. Sé que tengo que ser fuerte, que sólo es un mínimo retraso de dos o tres meses sobre el plan inicial, y que ahora tengo una ventaja competitiva más, no sólo el máster, sino la posición alcanzada en el mismo. La entrega de diplomas la hace el colegio de abogados, así que supongo que eso me abrirá alguna puertecilla, por pequeña que sea, para encontrar un hueco en el mercado laboral. Pero eso tampoco me alivia ni me consuela ni me anima. Sólo puedo ver el retraso.

Sé que debería hacer caso a una mujer sabia e inteligente que siempre me tranquiliza aunque sólo me diga dos palabras, y concederme 24 horas para llorar. Pero ahora mismo no puedo hacerlo, porque dentro de 26 horas tengo que estar perfectamente arreglada y dispuesta para recoger mi lote de libros y no me apetece hacerlo con los ojos hinchados y rojos. Sé que hay cosas que podría y debería hacer, cosas que he reescrito tres veces y he borrado tres veces, que me harían sentir mejor, pero tal vez no sea el momento adecuado.

Todo esto se ve agravado por una cosa tan banal y estúpida que casi avergüenza. No me siento en mi hogar, no siento ésta como mi casa, ni la casa de mis padres es tan “mi casa” como antes. Joder, yo no soy nómada, no me gusta huir, ni cambiarme de ciudad o de casa cada vez que me acechan los problemas, me gusta tener mi espacio y reconocerlo como mío. Pero no es tan sencillo como puede parecer a primera vista. Necesito localizarme a mí misma y saber dónde está mi sitio.

Sin ir más lejos, este fin de semana me decía C. que no guardo nada para mí. Me regañaba por no guardar nada para mí. Y tiene razón. Tiene toda la jodida razón del mundo. Nunca guardo nada para mí, me doy al cien por cien y siempre acabo en el suelo hecha trocitos. En “mi” casa tampoco he guardado nada para mí, porque estoy de prestado. Ojo, me encanta el piso y me gusta el barrio, que sí siento un poquitito como mi barrio, pero lo cortés no quita lo valiente. ¿Quién puede curarse del estrés en un entorno adverso en el que tiene que salir a la calle para identificar algo como “suyo”? desde luego yo soy absolutamente incapaz.

Pero pasará. Sé que todo esto acabará pasando. Sólo espero que sea rápido.

Meme recopiado

Suena: Feo, fuerte y formal, de Loquillo y los Trogloditas

Cita del día: ¿y mi cabeza?

Pensamiento inconsistente: ¿Cuándo se me olvidó que ésto estaba programado para hoy? ¡El tiempo pasa volando!

He copiado a Bichejo el meme que copió a Isi, y me dispongo a hacerlo, estáis avisados.

1.- UNA MANÍA: siempre me pongo el calcetín, media, zapato, chancla incluso crema de pies primero en el pie derecho y luego en el izquierdo. He ido matando otras manías que tenía, pero ésta sobrevive contra viento y marea.

2.- UN PECADO CAPITAL: la lujuria, seguida de cerca por la pereza.

3.- MEJOR OLOR DEL MUNDO: el de la cocina de mi madre cuando está haciendo de las suyas.

4.- SI EL DINERO NO FUERA UN PROBLEMA: tendría varias casas, en Nueva York, Londres, Madrid, Barcelona, Florencia y seguro que algún otro sitio, y viajaría un montón, aunque seguiría trabajando, pero no por necesidad, sino por placer, y no para ganar dinero sino para ayudar a los demás.

5.- RECUERDOS DE LA INFANCIA: las siestas con mi hermano, los paseos con mi primo, el olor a rosas de la huerta, llevarme a mi gatita a dormir la siesta conmigo, mi bici Orbea que se mea.
6.- HABILIDADES COMO AMA DE CASA: Cocino bastante bien. Y ya.

7.- LO QUE MENOS TE GUSTA HACER EN CASA: Limpiar los baños y la cocina. Y planchar.

8.- NO HABILIDADES COMO AMA DE CASA: La plancha. La plancha y yo somos de planetas diferentes.

9.- UNA FRASE: “Que Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me guardaré yo”, mi hermano la decía bastante a menudo, y me jode reconocer que tenía razón.

10.- UN PASEO PARA EL ALMA: Una playa desierta al anochecer y con brisa fresquita, y eso que a mí no me gusta la playa. O un paseo por las afueras de MinPueblo, en verano, por la noche, mirando a las estrellas.
11.- UN PASEO PARA EL CUERPO: éste, pero sin metro.

12.- EL PERFUME QUE USAS: Mi favorito es Gucci Rush, pero el rojo, no el 2. También uso Dèlices de Cartier, Allure de Chanel, Baby doll de YSL, aguas de colonia fresquitas de The Body Shop y L’Eau Cheap and Chic. Soy muy infiel!

13.- PERFUME MASCULINO: Farenheit de Dior. En verano mejor L’Eau par Kenzo, más fresquita.

Si alguien quiere seguir el meme, suyo es ^^

Tiempo libre.

Suena: Embrujada, de Tino Casal

Cita del día: Nunca se sabe: quizás caiga una estrella (¿Conoces a Joe Black?)

Pensamiento inconsistente: quizás tenga demasiado tiempo libre, quizás actualice demasiado, quizás tenga catársis demasiado rápidas, pero es mi blog y me lo follo cuando quiero. He dicho.

Esta noche salgo. Ue! Se supone que debería estar feliz y dando saltos, pero no, señores, no estoy ni feliz ni dando saltos. Porque tengo otras preocupaciones que me lo impiden, y sí, lo sé, soy gilipollas por preocuparme. Anyway, pienso salir y pasarmelo de miedo. Salgo, como siempre, con MinAmigo, y además con una compañera del máster y una amiga suya a la que conocí de compras y me cayó estupendásticamente. Me alegra muchísimo que mi vida social vuelva a florecer después de un mes y pico de encierro absolutamente involuntario.

Vamos a ir a cenar pollo con cabrales y tostas riquérrimas. Además en ese sitio la sangria se deja beber, no es como la del Ribs de Abada, que sólo sirve para emborrachar ligeramente un rato y dejar dolor de cabeza acto seguido. Me gustaría llevarlas también a un sitio encantador que descubrimos MinAmigo y yo la semana pasada, un local nuevo en la calle Alcalá, que parecía que iba a ser carísimo, pero no, y además es genial y ponen velitas en las mesas y plantas alrededor de la terraza y casetillas blancas. O ir a la terraza de noseque hotel que me dijo MinAmigo y aún no hemos ido…

Es un poco jodienda, porque hay mil sitios que quiero conocer, pero no tener un tabajo remunerado merma bastante mis posibilidades. Luego hay otro montón de sitios a los que quiero ir con MinLío, cuando eso exista, claro, porque Madrid tiene rincones realmente maravillosos para ir en pareja, pero ¿qué haces cuando no hay pareja? Pues nada, puedes alquilar un puto o transformar el plan en “solo amigos”. Por otro lado, las cosas que mejor pinta parecen tener, al final acaban oliendo a mierda tanto como el resto, lo cual debería estar en mi lista de ascos, pero tampoco hay nada más que yo pueda hacer para solucionarlo.

Estaba pensando en cómo malgastar las mañanas de la primera quincena de julio, que va a ser lo más parecido a vacaciones que tenga este año, porque por las tardes tendré que ir a currar, y de repente me he acordado de que tengo que ir al gimnasio tres veces por semana para amortizar los pagos mensuales y esas cosas. Es un asco, porque ya sólo me quedan libres los martes y los jueves, pero por otro lado me gusta la idea, porque sabiendo que sólo tengo los martes y los jueves, tal vez no me quede en casa procrastinando y deje de levantarme a las doce de la mañana porque el calor me aplatana. Y me apetece ir al gimnasio. Es una sensación que desconocía, pero la verdad es que me apetece. Y también me apetece irme al retiro a pasear, si tuviera aquí la bici, hasta me gustaría irme al retiro a pasear en bici. Y a ver si me encuentro con el poli montado aquel… mmm…

Otro efecto secundario de la primavera que ha llegado un poco retardado es la revolución hormonal. Que yo soy muy contenida, y no tengo ningún problema en mirar y ya. Eso sí, cuando estoy con alguien del sexo opuesto que no es MinAmigo me corto mucho, porque me parece de una tremenda mala educación. Pero cuando voy caminando sola… eso es otro cantar ^^ así que creo que pasear un día por semana por el retiro es una buena idea, claro que hay que encontrar la hora, supongo que podría aprovechar la salida del trabajo, porque es un momento en el que ya ha pasado lo peor del bochornazo, y además así podría irme todos los días.

También tengo pendiente mi búsqueda de piso. No es que me urja, de hecho me da un poco de mala conciencia estar buscando ya, porque mi casera no vuelve hasta octubre, pero… sería fabuloso encontrar una habitación disponible y no demasiado cara por la zona de Lagasca, cerca del retiro, justo donde le dije a MinAmigo que me gustaría vivir la primera vez que me llevó. Esos preciosos edificios, y la iglesia de los jerónimos debajo, y el parque, y lo cerca que queda de todo, y… aish, ya estoy soñando despierta de nuevo.

Me siento un poco hipócrita, porque no paro de decir que me apetece hacer mil cosas, y en el tiempo que llevo en Madrid he aprovechado fatal mi tiempo libre, tengo muy cerca de casa los Jardines Sabatini y no he ido ni una vez, tengo un paseo precioso al lado de casa que sólo he caminado una vez, mientras hablaba por teléfono, tal vez por eso se me hizo tan corto. Y aún no he ido al prado, ni al reina sofía ni al thyssen. Debería ir antes de que se me caduque el carnet de estudiante y esas cosas, porque si no luego será mucho más caro entrar. Me apetece pasearme por la milla del arte y entrar en los museos y llorar de emoción delante de mis cuadros favoritos.

Tengo tantas ganas de hacer un millón de cosas y un déficit tan estúpido de energía gracias a este calor, que no sé cómo no he implosionado por la divergencia existente en mi cabeza. ¿Alguien se apunta a algún plan? (Y con esto no garantizo que vaya a llevarse a cabo tal plan, sólo manifiesto la intención de hacerlo, pero hay que contar con mi pereza intrínseca)

Libros que me han marcado (II)

Suena: Piensa en mi, de Luz Casal.

Pensamiento inconsistente: no es que tenga muchas más ganas, es que me aburro muchísimo más.

Anoche, hablando con Er-Murazor, recordé el cariño que tengo a un librito que es una joya, una pequeña joya que todo el mundo debería tener en la cabecera de su cama, para esos momentos en los que no sabe por dónde tirar. Yo ahora mismo no lo tengo a mano, pero es más que probable que salga a comprarmelo, aprovechando que estoy de vacaciones hasta finales de mes, porque lo he decidido y punto. La lista de hoy va a ser de tres libritos, y es todo optimismo, así que allá vamos.

En primer lugar, El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. ¿Quién no conoce este maravilloso libro?

Leí el principito en un momento difícil de mi vida. Desgraciadamente, la muy cabrona está llena de momentos difíciles, pero a su vez está llena de momentos de superación. Leer este cuento me ayudó bastante a animarme y a ver las cosas desde otra perspectiva. Desde entonces se ha convertido en mi libro de los principios.

Sólo lo he regalado una vez, que intuyo que no será la última, porque ahora mismo estoy pensando en volverlo a regalar, pero no me siento muy segura de esa decisión. Aquella vez acerté, acerté de lleno, él necesitaba un principio a pesar de que su vida seguía igual, pero su ánimo no. También pasaba un momento difícil. También se convirtió en un libro de un principio, de nuestro principio, uno que era tan blanco e inocente que me gustaría conservarlo aún. Pero en la vida hay cosas que no pueden ser, y al igual que el principito, nosotros también necesitamos conocer el mundo exterior algunas veces.

En segundo lugar, tenemos La historia interminable, de Michael Ende. Bastian me parece un personaje infinitamente tierno y completamente adorable. Las aventuras que corre para salvar Fantasía son encomiables, y la lección no debería despreciarse. Siempre se puede hacer algo, hasta la persona más insignificante del universo puede hacer algo que lo cambie definitivamente.

La historia interminable significó para mí un antes y un después en la literatura fantástica. Lo leí ya entrada en la veintena, en un momento de mi vida en el que no tenía ganas de leer, estaba apática total. Y un amigo del colegio mayor me lo prestó, me dijo “si éste libro no te quita la apatía, no sé qué puede sacártela” y efectivamente, A. tenía razón. El libro acabó con mi apatía, y tras ese llegaron un montón más. Pero siempre tendré un lugar reservado en mi memoria y en mi corazón para Bastian y Fujur.

En tercer lugar, uno de los libros más desconocidos de José Saramago: El cuento de la isla desconocida. Otro libro de perseverancia y superación personal. En esta precisa historia, un hombre va a pedirle algo a un rey. Y el rey se ríe de él. Pero él persevera. Se queda un montón de días esperando en las puertas a que el rey le de un barco para ir a conquistar la última isla desconocida del mundo.

La gente que lo ve en la puerta se ríe de él, pero él persevera, sin lugar para el desánimo ni para la duda, ni siquiera para la desesperación. Sólo quiere esperar el tiempo necesario para poder cumplir su sueño.

Quizás los libros de hoy parezcan un poco aleccionadores, pero en realidad me parecen fantásticas fábulas sobre la infinita potencialidad del ser humano, y el poco partido que le sacamos. Quizás debería empezar por aplicarme el cuento, yo también lo he pensado, pero dejadme disfrutar de las vacaciones antes 😛

(También he leído varios de Paulo Coelho, pero esos sí son aleccionadores, precisamente por eso los he dejado pasar de largo)

Puntos suspensivos

Ahora mismo me siento un poco así.

No tengo ni idea de cuánto durará.

No sé si tendré ganas de actualizar.

No sé si tendré ganas de hablar.

No sé cómo voy a remontar.

Pero tengo que hacerlo.

Por suerte, tengo cerca desde hoy a MinAmigo, que me apoya y me mima cuando estoy jodida.

Lo cierto es que me siento de pena.

Y además tengo que salir pitando a Madrid a recoger mi premio.

El mundo está loco.

Y yo sólo pido bajarme un rato.

A veces los gritos de socorro son tan silenciosos como la muerte.

A veces tienen formas raras de ser expresados.

No quiero posponer más mi vida.

Volveré.

Supongo.

Asco y antiasco

Suena: Entre mis recuerdos, de Luz Casal.

Cita del día: yo soy el chico para un buen rato, tu eres para más tiempo.

Pensamiento inconsistente: quizás debería dejar de ver tantos capítulos seguidos de Private Practice… me empieza a afectar tanto que hasta lo uso como cita del día 🙄

Pues me voy a unir a la causa, empezó Barbi a modo de lista con las cosas que le dan asco en éste post. Luego Jezabel decidió convertirlo en un meme, aunque no voy a poner el link al meme porque van tres, lo leéis entero, so vagos. Y luego David Frost hizo lo propio, y hasta Er-Murazor lo hizo… así que yo también me lanzo a anarrosearlo, pero lo haré todo en la misma entrada. Ea.

Cosas asquerosas que dan ganas de dejar de vivir un rato:

  1. Las coles de bruselas.
  2. La condescendencia.
  3. La gente que huele a sudor rancio desde las ocho de la mañana.
  4. Sudar, sobre todo sudar hasta en la ducha desgracias al calor asfixiante del verano.
  5. Que mis sobrinas hagan un concurso por ser la más ruidosa y maleducada, aunque sólo tengan seis y dos años.
  6. Los viejos verdes que me miran descaradamente el escote cuando se cruzan conmigo en la calle. Especialmente si ponen cara de “Ahí me gustaría estar a mí”. (Vale, llevo escotes y sé que es un riesgo, de hecho no me molesta en absoluto que me miren el escote discretamente, si me doy cuenta hasta me hace ilusión y me inflo un poco como una pava, pero lo de las babas ya no, gracias).
  7. Que me pregunten por mi vida esperando malas noticias, y el tipo de gente que lo hace. Que además no sepan fingir cuando las noticias son buenas.
  8. Que la gente ande superdespacio y colapsando las aceras, especialmente cuando llevo prisa (casi siempre).
  9. Que me mientan. Especialmente cuando lo hacen de manera cutre y chafardera y se nota de lejos.
  10. Descubrir que alguien que se supone que me adora ya no me quiere y no se atreve a decírmelo, sobre todo cuando se une con el punto anterior y me miente de forma chafardera para que no se note que ya no me quiere. Y no, no hablo exclusivamente de pareja.
  11. Que se me quede la tapa del tacón en un agujero de una baldosa, en una alcantarilla o en cualquier lugar similar.
  12. Que hagan daño a mis amigos.
  13. La mala educación.
  14. Comprar fruta a precio de oro y que se me pase al segundo día porque estaba golpeada y pocha.
  15. Los/as superdivos/as.

Cosas que hacen que la vida valga la pena:

  1. Una llamada de teléfono inesperada de alguien a quien quiero.
  2. Tener éxito en algo, desde un trabajo de grupo que no cuenta para nota hasta el examen más complicado del año.
  3. Tomar una caña charlando con alguien que me parece interesante, empaparme de su persona, llevarme a casa un buen sabor de boca.
  4. Abrazar a MinAmigo cuando estoy chunga. Abrazar a alguien que me importa cuando estoy chunga.
  5. Que mis sobrinas se comporten bien y jueguen entre ellas de forma tranquila y se refleje la felicidad en sus ojos y se pongan coquetas para que les haga fotos.
  6. Las sorpresas agradables.
  7. Notar que un tío normal se me queda mirando con ojillos por la calle, especialmente si es un día que me he levantado con el guapo subido.
  8. Cocinar para mis amigos y que les guste lo que cocino.
  9. Llegar a casa y descubrir que habéis dejado un montón de comentarios.
  10. Pelear de mentiras con alguien que me gusta, reírme con él, acabar tirados en el suelo/sofá… ese tipo de planes no planeados que hacen que liberes una cantidad brutal de endorfinas.
  11. Volver a ver a alguien a quien echaba de menos.
  12. Los mimos.
  13. Encontrar un chollazo en alguna tienda, especialmente en rebajas.
  14. El cine.
  15. Los libros. Todos y cada uno de ellos, porque su existencia nos arranca de la rutina y nos permite vivir otras vidas lejanas, exóticas, maravillosas o desdichadas, pero sabiendo que la nuestra seguirá esperando al cerrar la página.

Podría extenderme mucho más, pero es que creo que ya está bien, la verdad. ¿Y a vosotros qué os da asco/antiasco?

Desvaríos horarios.

Suena: Turnedo, de Iván Ferreiro.

Cita del día: el ventilador funciona con los dos interruptores

Pensamiento inconsistente: es taaaaaaaaaaan agradable ese vientecillo que proviene del techo… mmmmmmmmmm… no es aire acondicionado, pero al menos refresca un poco.

Son las cinco y cuarto de la madrugada. Llevo toda la noche en blanco porque tengo que coger un autobus. Pienso dormir en él. Hasta que llegue a casamimadre pienso viajar dormida. Y cuando al fin llegue y despierte pienso desayunar tortilla de patata rellena del BarConNombreDeMúsico, que son las mejores de la ciudad.

Hace cuatro horas estaba escribiendo una entrada sobre la felicidad, pero me he arrepentido y la he borrado. No porque no sea feliz, sino por todo lo contrario. Este año está siendo jodidamente bueno para mí. Tengo casi todo lo que puedo desear (en el sentido menos material del asunto). Me he liberado de la asignatura de mis pesadillas y he acabado el máster en una posición tan decente que es probable que me abra las puertas del mercado laboral en Madrid. Eso me hace feliz porque quiero quedarme aquí. En verano me gustaría que hiciera un poco menos de calor, pero por lo demás quiero quedarme aquí.

Quiero quedarme en Madrid porque tengo amigos, tengo posibilidades laborales, tengo posibilidades culturales, me gusta la ciudad, me gusta el ritmo de vida y me gusta la gente que he conocido aquí. No todos, evidentemente, pero sí los suficientes como para que quiera quedarme. Incluso me da un poco de pena haber terminado el máster, porque echo de menos a algunas personas con las que iba a clase. Y echo mucho de menos las cañas de los viernes. Pero era una etapa que tenía fecha de caducidad, y bueno, simplemente ha llegado la fecha.

Por otro lado tengo que seleccionar unos títulos para recoger mi premiodemaster, pero no sé por cuales decidirme, esto de buscar libros cuando tienes un presupuesto determinado en un lugar determinado es un poco extraño, es algo que no me esperaba, y ahora de repente voy a tener una ley de enjuiciamiento civil comentada, el libro de texto que nos recomendó la profesora de ejecutivo. Y sin tener que llorar por el precio. Me encanta la situación, y me siento inteligente y muy competente.

Me doy cuenta de que tengo arranques extraños de sentimientos encontrados, tan pronto me da el bajón existencial como me da el subidón del mes. ¿Tengo motivos para ambos estados de ánimo? Probablemente sí. Por un lado está la incertidumbre, por otro lado los detalles que construyen mi felicidad, tonterías como descubrir que mi ventilador funciona, o que me esté esperando en la librería el tercer libro de la saga Millenium, un abrazo de MinAmigo y descubrir que en las tres semanas que llevabamos sin vernos ha cogido colorcillo y está más guapo que con su cara de invierno, la mirada cómplice de alguien a quien quieres, compartir la alegría de un éxito, encontrar kiwis amarillos en la tienda de la esquina a pesar de que parezca increible o tomar una cerveza en una terracita al anochecer, cuando el calor empieza a remitir, y un montón más que no voy a enumerar para no eternizarme.

Son las cinco y media de la madrugada y siento que, si me paro a releer este post, probablemente acabe dormida sobre el teclado. Pero no puedo dormirme, porque tengo que coger un autobús dentro de un rato. Y no he mirado la cartelera del cine, así que no tengo ni idea de dónde quiero ir esta noche, aunque los camareros de la tabernucha de CentroComercialCutre bien merecen el esfuerzo de ingerir sus horrorosos platos con tal de echar unas risas como las de la semana pasada. Aunque quizás me gustaría estar en otro sitio. En este estado es algo sobre lo que no puedo pronunciarme. O quizás sí, ¿en Siberia qué tiempo hace en verano?