Libros que me han marcado (I)

Suena: Imagine, de John Lennon

Pensamiento inconsistente: al fin no me levanto cansada y con sueño, y lo hago antes de que suene el despertador, yuju!

Soy una lectora compulsiva. Me encanta leer, y devoro prácticamente todo lo que cae en mis manos. Adoro la sensación de sumergirse en la trama, imaginar los escenarios, los personajes, las situaciones, incluso poder tocar las texturas, oler las fragancias, escuchar las voces atribuidas a los personajes y sentir la tensión o la paz o cualquier otro ambiente que desprenda el libro que estoy devorando. Para mí, leer es viajar en el tiempo y el espacio, trasladarme al lugar en el que se desarrolla la historia, dejarme caer en sus garras durante el tiempo en el que mis manos sostienen firmes el papel.

Además, no me gustan los libros forrados. Ni siquiera para preservar las tapas blandas de las, cada vez más habituales, ediciones de bolsillo. Me gusta el tacto de las tapas, saber sólo con ese tacto si la edición es de bolsillo o no, y que cualquiera pueda fisgar lo que leo. Me siento orgullosa de (casi) todas mis lecturas. Una vez explicado esto es más fácil entender por qué los libros me marcan y me hacen reflexionar en torno a ellos.

A lo largo de mi vida me han marcado muchos libros, desde algunos del barco de vapor hasta monografías sobre la pena de muerte que he necesitado para la facultad (de estos últimos pocos y sobre todo por las citas) así que abordo una tarea ardua y complicada, que realizaré por entregas, porque si no tenemos post para agotar el hosting gratuito de wordpress. Empecemos, pues.

Voy a empezar con un libro que me gustó especialmente. Es uno de esos libros que te mandan leer en el instituto, pero mi profesora de literatura era fantástica, y nos daba posibilidades, cada trimestre dos, un clásico y algo moderno destinado a convertirse en un clásico según su criterio. Tenía 15 años cuando lo leí, y aún hoy creo que esa lectura escondía mucho más de lo que dejaba entrever en sus páginas. Se trata de Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Trata de un hombre que vive en la selva, que ha aprendido a vivir en la selva amazónica y no quiere volver a la civilización, pero espera impaciente la llegada del dentista, que le proporciona nuevas novelas de amor. Tras la excusa de las novelas, un tratado sobre la modernidad, el desprecio que mostramos a lo más elemental: la vida. Catorce años después sigo pensando que es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, y de hecho me compraré un ejemplar, porque volver a la biblioteca del instituto quedaría un poco mal. Me gustó tanto que no me atreví a ver la película para que no me quitara el buen sabor de boca.

Cambiando de  tercio, uno no recomendado para menores de 18, aunque lo hayan sacado en la colección de bolsillo normal, es un premio “la sonrisa vertical”, es decir, una novela erótica, la primera de Almudena Grandes, y para mi gusto, una de sus mejores novelas. Se trata de Las edades de Lulú. No creo que sea una novela especialmente cruda, pero sí creo que es contraproducente leerla a según qué edades. Con ésta me pasó algo curioso, fue el primer premio de un concurso de relato corto que se hizo en mi instituto, y el premio lo eligió la misma profesora que nos dejó elegir entre clásicos y modernos un par de años antes. Me quedé con la espinita, pero cuando lo vi en una estantería de una libreria por primera vez, me di cuenta de que era de una colección de novela erótica y lo dejé correr. Creo que fue una buena decisión. Es la segunda novela erótica que leí. Me marcó por cómo es Lulú. Por cómo se entrega a Pablo, y por cómo describe cómo Pablo la pone contra las cuerdas y al borde de cruzar muchas líneas… hasta que la obliga a cruzar una de ellas. Y cómo reacciona ante esa situación, cómo va autodestruyendose por tomar decisiones estúpidas y precipitadas y cobardes disfrazadas de osadía. Me gustó mucho, pero también me sirvió como ejemplo de cosas que debería mantener alejadas de mí y de cómo no se sale de una crisis. Y eso que sólo es una novela erótica. Al final tiene partes bastante desagradables, pero también fue la novela que hizo que me picara la curiosidad por… no, espera, esto ya es demasiada información xD.

Pensaba dejarlo en dos, pero voy a lanzarme a por la tercera. Lo leí el domingo, en el autobús de vuelta a Madrid. En una horita aproximadamente, y me encantó, me dejó un sabor de boca extremadamente dulce y me conmovió. Se trata de Seda, de Alessandro Baricco. Es un cuento sobre el amor, sobre los tipos de amor, sobre la pasión y la renuncia, sobre el valor y sobre los hombres. Es una historia que se desarrolla en el siglo diecinueve, y cuenta la vida de un mercader de huevos de gusanos de seda. Es un cuento realmente bonito que, sin pretenderlo, o tal vez sólo pareciendo que no lo pretende, nos habla de la naturaleza de los seres humanos, de cómo son capaces de hacer cualquier cosa por conservar lo que aman. Muy muy muy recomendable, y muy cortita.

Podría seguir, porque también tengo pendiente una reseña sobre El Lector, pero por hoy creo que es suficiente =) otro día más.

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2 comentarios

  1. Ahora que mencionas lo de la pedicura y las sandalias, a veces he observado :p otras veces no observo nada, que bastante gente que cuida bastante su aspecto luego tienen unos callos en los pies que flipas….lo cual me lleva a pensar que los pies junto con el cerebro son los grandes olvidados del cuerpo humano, será por su ubicación??)..

    Vaya, empiezo a comprobar que mis coments empiezan a ser absurdos y a no corresponderse con las entradas…..serán los efectos secundarios de relacionarme contigo Min?

    pd: He leido un par de veces Seda y cada vez que lo hago me gusta más.

  2. Tienes muchísima razón, y a mí me avergüenza salir con pies de invierno, y también reconocer que en invierno me dejo de la mano de dios y se me quedan los pies horrorosos, pero no me das soluciones! necesito una pedicura! xD hace calor!!!!

    ¿Estás osando llamarme absurda? porque me lo anoto en el sacacorchos, ¿eh?

    Me encantó Seda, estuve a punto de volvermelo a leer en el bus, pero también tenía un poco de sueño y la pereza pudo más, pero me lo vuelvo a leer seguro segurísimo 🙂

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