20 de abril

Suena: como no podía ser de otra manera, 20 de abril, de Celtas Cortos.

Cita del día: ¡Que te vayas a tu casa y te tomes una tila! ¡Y suelta esa hoja de test!

Pensamiento inconsistente: Ahora mismo como si no te tuviera, querido.

Tal día como hoy a casi tal hora como ésta me enteré de que era la flamante acreedora de un apto en el teórico de conducir. Recuerdo aquella Semana Santa como la menos distendida de mi vida. Los días muertos haciendo test de la autoescuela, porque me sacaba el carnet en una ciudad cercana a mi minipueblo, pero tenía que sacarlo en esa semana de vacaciones, porque la facultad no perdona y tenía que volverme a Bilbao tan pronto como las vacaciones tocaran a fin.

Recuerdo aquellas vacaciones, además, porque fueron las primeras en las que me animé a irme yo sola a tomar un café a media mañana para no morir hastiada en la autoescuela. Y porque tuve mi única cita con un tío que vino en chandal. A las doce y media del mediodía y en chandal. Eso explica por qué no hubo una segunda cita con él, pero además puedo decir orgullosa que es la única vez que he quedado con un hombre y me ha venido en chandal.

Mi plan de vida consistía en levantarme de la cama a las 8 de la mañana, pegarme una ducha rápida, preparar el desayuno para mi padre y para mí, despertar a mi padre, vestirme, desayunar con él y bajar a la autoescuela. Mi santo varón me llevaba todos los días sin rechistar ni un poco. A las 9:30 entraba en la autoescuela y me ponía a hacer test. De 12 a 12:30 me tomaba el café mientras leía el periódico que hubiera libre en el bar. de 12:30 a 14 seguía con los test. Mi padre me recogía a las 14:05 en la puerta de la autoescuela y nos íbamos a casa a comer. A las 16 estaba de vuelta en mi segunda casa, hasta las 18:30 que me iba a tomar un café con mis amigas. Intentaba volver un rato a eso de las 19:30 hasta las 20:30 que cerraban, pero no siempre lo conseguia y algunos días llegaba a las 20:15, justo para coger test que hacer esa noche en casa y recibir a mi padre en la puerta.

El último día hice ocho fallos en un test que me sabía de memoria, era jueves, 19 de abril, a las 19, y no había quedado con mis amigas porque al día siguiente tenía que examinarme. La mujer de la autoescuela me dio el teléfono para que llamara a casa y le dijera a mi padre que viniera a buscarme. Yo quería hacer un test mientras mi padre llegaba. Ella se negó en redondo. Me mandó a mi casa, me dijo que me tomara una tila. Me ordenó que soltara inmediatamente la hoja de test a la que me aferraba con mi vida. Me dijo que lo más importante era que no me pusiera nerviosa, y que estaba claro que iba a aprobar el examen, que no quería verme en la autoescuela mas que para felicitarme, y después hasta que no fuera a coger el coche. Osea, que pasara a que me felicitara por aprobar el teórico y no volviera hasta el 20 de julio que terminan sus vacaciones. Oído, cocina.

Efectivamente, aprobé el examen sin ninguna dificultad, dudé en una pregunta de cuarenta y la hice bien. Me fui a celebrarlo con mis compañeras de autoescuela, con las que charlaba un rato entre test y test mientras nos pasabamos las plantillas de soluciones. Fue divertido. Salvo porque una mujer suspendió el teórico por octava vez o algo así. Eso fue bastante triste, porque todas sabíamos que era la que mejor preparado lo tenía, pero también sabíamos que era la que se ponía más nerviosa.

Y ahora echo de menos tener algo que conducir. Mi inimitable papelito rosa, un carnet de los viejos, enorme, horroroso, incomodísimo, que me ha obligado a renunciar a más de una cartera preciosa porque no cabía dentro, que siempre llevo encima “por si acaso”, no me sirve de nada. Y creo que no me atrevería a conducir por Madrid aunque tuviera un coche a mi disposición… al menos no los primeros días. Pero echo de menos coger a mi pequeño y salir a perderme en el asfalto cuando quiero explotar. Echo de menos hacer una ruta conocida sólo por el placer de estar sola, sobre ruedas, con la música a tope y llorando. También echo de menos las fotos de papel y quemarlas para exorcizar mis demonios, pero ese tema da para otra entrada, que la era digital ha hecho mucho daño a mis conjuros.

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9 comentarios

  1. Los hay que derrochan glamour a raudales…hiciste bien en ser implacable Min y no concederle una segunda oportunidad al tipo del chandal. De echo la Constitución deberia proteger al ciudadano de la visión de ciertos chandal, por lo menos fuera de los recintos habilitados al efecto.

    C. Maltes, preocupado por el medio ambiente

  2. Yo también tengo uno de los rosas enormes, ¡pero me encanta! Tiene mucha más personalidad que la tarjetita que te dan ahora. puaj… Lo cierto es que conducir por Madrid tiene que dar miedín. Hacerlo por el centro de mi mini ciudad también lo da a veces, así que imagínate.

  3. En la autoescuela eso de conducir era una pesadilla porque estaba en constante tensión. Ahora que estoy más relajada me encanta conducir, no me imagino no hacerlo…

    Claro que si viviera en Madrid, seguramente me lo pensaría más de dos veces…

  4. Siempre nos quedará Enekuri 😛

    En los madriles el coche sobra. De verdad.

    En chandal… que falta de glamour… al menos se habría duchado, o inexplicablemente olía a “parfum” (leerlo con acento francés que le da más caché)

    Besote FEA!

  5. Jo, una cita con chándal!!! qué envidia!!! 😉

    Besos de pollo con cabrales

  6. C. Maltes tal vez le hubiera dado segunda oportunidad si no me hubiera levantado una hora antes de lo acostumbrado para ponerme bella, pero si yo hago cienes de esfuerzos y él se levanta y se planta el chandal, empezamos con mucho desequilibrio, no puede salir bien xD ¿A su favor? he de decir que era un pantalon de chandal de los típicos adidas azul marino con tres rayas blancas a los lados y que arriba llevaba un poncho xD

    xXx no te engañes, puede tener toda la personalidad que quiera, pero es un coñazo xD

    Inner es que además tengo buenas comunicaciones por transporte público para llegar a todas partes… aunque en coche llegaría en cinco minutos al curro y así me pego casi una hora, pero bueno, puedo ir leyendo en el metro o en el bus.

    Fuanita pues no recuerdo que oliera mal XD pero ya sabes que la memoria es traicionera 😛 (I miss Enekuri 😦 )

    Bichejo eres cruel y lo sabes XD ójala no hubiera vivido esa experiencia, porque lo peor es que me lo pasé bien, si llega a venir en vaqueros… aish… xD

  7. Min, qué casualidad, también fue un 20 de abril cuando yo me saqué el práctico (tras varios intentos infructuosos). Y también ese día se lo sacó mi primo, a 600km de distancia, y resulta que es el cumpleaños de mi mejor amigo y de mi cuñada, y también el día que nació Hitler…

    cuántos datos inútiles se encuentran por Internet, eh?

  8. Dices a su favor que llevaba un poncho??? Que sepas que he pegado tal carcajada que ha venido mi hermano a ver qué pasaba!!!!

  9. Oraculador menos lo de Hitler me gustan esas casualidades 😀

    Conste que lo de a su favor está entre interrogantes porque yo no lo tengo del todo claro xD

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