Limpieza, otra vez.

Suena: Cosas que hacen que la vida valga la pena, de Pasión Vega.

Cita del día: no tengo, un día más no tengo cita del día.

Pensamiento inconsistente: casi siempre me pasa lo mismo… quizás debería pensar en torno a este tema.

Estas vacaciones, además de dormir como una marmota y salir a divertirme, que se acerca mi cuaresma particular, he tenido un día de desposesión.

Tengo, entre otros, un defecto bastante serio que me preocupa lo justo: soy una acumuladora. Acumulo cosas de todo tipo, ropa, perfumes, cosméticos, incluso etiquetas de ropa. Llevo haciéndolo desde que mi madre me permitió mi primer vaquero de marca. Mis amigas iban con sus Bonaventure con chapas imposibles que se clavaban en los riñones y yo iba con mis Buenaventura de mercadillo con la misma chapa inmunda. Mis amigas llevaban Pepe Jeans monísimos con su minichapita en el bolsillo trasero y yo llevaba Pepa Yeans que llevaban una triste imitación de esa chapita en el bolsillo contrario al de todas mis amigas. La cuestión era que si me tiraba por el suelo jugando y rompía los vaqueros por siete sitios, mi madre no quería gastarse diez mil pesetas en unos auténticos y, para más inri, desgastados, que facilitaran el ejercicio de reciclaje de dinero.

Así que cuando accedí a mis primeros vaqueros Chevignon guardé la etiqueta para demostrar que eran auténticos. Además me sentaban estupendamente. Como ya no tenía edad de tirarme por el suelo ni de maltratar la ropa, madre empezó a decantarse por las marcas más baratas, me dejaba comprarme Pepe y alguna vez caía un Levi’s milagrosamente (y casi siempre cuando iba de compras con mi hermano, que me malcriaba) y yo, emocionada, guardaba todas y cada una de las etiquetas como un pequeño tesoro.

Desde entonces soy una acumuladora nata. Intento controlarlo, pero es realmente complicado, así que en cuanto me descuido estoy acumulando de nuevo, así que una vez cada cinco o seis años me enfurruño con el mundo y tiro cosas. Últimamente (supongo que forma parte de eso que llaman madurar) lo hago más a menudo, porque soy consciente de que no es bueno tener tantas cosas inservibles en casa. El domingo pasado iba a ser uno de esos días, pero estaba hecha un guiñapo y la ardua tarea quedó relegada al lunes. También soy procrastinadora profesional.

El lunes por la mañana me puse manos a la obra. Tiré más de treinta bragas, algunos sujetadores, un montón de calcetines ejecutivos desparejados, un par de pantys con carreras, dos camisones y tres pijamas hechos polvo, todas las etiquetas que conservaba desde que empecé a coleccionarlas, un par de cremas solares que llevaban seis o siete años relegadas a un cajón, porque yo no tomo el sol y además intento que no me cace por la calle, que el muy cabrón me quema, dos botes de colonia Mango vacíos que estaban entre las etiquetas, un archivacedés de esos que la gente mete en las mochilas cuando se va por ahí, ahora ya casi no, pero antes del aipod eran muy habituales, el más feo y cursi que he tenido en mi vida, tan feo que hace años un conocido me grabó un cd-remix titulado “al portacedés más feo que he visto” y que tenía algunas canciones casi tan feas como él mismo, y un par de agendas del instituto. Además saqué varias bolsas de ropa para donar, y recuperé algunas prendas que ni recordaba que tenía y regalé a mi madre un par de jerseys sin mangas que ella se empeñó en que me comprara y yo me había puesto tres veces contadas. Quizás menos.

Ahora viene lo jodido. Entre el cambio de look que me ha vuelto castaña y la desposesión, no sé en qué momento, se me ha caido una aspiración romántica. Y la he perdido. Me ha costado darme cuenta, porque casi ha pasado una semana entre el cambio de look y la desposesión, pero cuando acabé de eliminar innecesariedades de mi vida me di cuenta de que me faltaba algo que no era consciente de haber tirado. Y además me di cuenta de que he salido ganando con la pérdida. Y también me di cuenta de que viene siendo una costumbre en mí. Cada vez que doy un giro a mi vida, sea en el sentido que sea, dejo a un hombre en el camino, y esto lleva siendo así desde tiempos que ni siquiera soy capaz de recordar. Cuando mis dos mejores amigas del cole se mudaron a otra comunidad autónoma y otra ciudad respectivamente adopté a mi primer pretendido. Cuando una de ellas volvió (la que seguía en la misma comunidad) me olvidé de él y me encapriché del hermano mayor de mi recién recuperada amiga. Cuando acabé el cole y pasé al insti me enamoré de mi director de teatro, cuando él se fue a la otra punta de España lo celebré encaprichandome de un chico que estaba en la clase de enfrente de la mía, cuando fui consciente del tipo de persona que era lo celebré colgandome de un tio que hacía un modulo de grado medio en el edificio de enfrente, cuando empecé a salir con mis amigas del instituto también los fines de semana lo celebré enamorandome del exnovio de una de ellas, cuando me fui a la universidad me colgué de un compañero del colegio mayor, el último año de mi mejor amiga de la universidad en la misma ciudad que yo me enamoré de un estudiante de matemáticas que tenía tres años menos que yo y dos exnovias lesbianas, y así una detrás de otra. Hubo más, claro, que no coincidían con nada en especial, pero siempre que había un cambio, había un hombre nuevo. Excepto esta vez.

En mi último cambio también me he desposeido de todas mis aspiraciones emocionales. De absolutamente todas ellas. Unos no me convenian por lo casados/comprometidos, otros no me convenian porque, a pesar de todo, no me merecen ni llegarán a merecerme por mucho que lo intenten, y otros, simplemente, perdieron el tren y se darán cuenta de ello en el momento menos pensado, ahora que ya es tarde para salir corriendo a ver si lo cogen arrancando. Y me alegro, porque ya era hora de que hubiera un cambio en mi vida sin un hombre como parte del motor que me empujaba a cambiar. Supongo que también tiene que ver con que llevo casi un mes con el guapo subido, y el cambio de look sólo me ha hecho sentirme más reafirmada en mi postura y verme más guapa que hace dos meses. Porque yo lo valgo, ea! a ver si los de L’Oreal me contratan para darles un poco de publi o me toca la lotería y ya rematamos la buena racha con un golpe de suerte monetaria.

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8 comentarios

  1. Tú te pones toda seria y profunda y yo sólo puedo pensar en la penita que me da que hayas tirado todas las etiquetas…no sé, me ha enternecido pensar en quién eras, la que no se creía su suerte de tener unos vaqueros de marca, en lo pavas que somos a cierta edad dando importancia a cosas que luego aprendemos que no lo son tanto.

    Aprovecha el guapo subido (que veré mañana!!!) para renovar el “parque de intereses”…o no renovarlo, qué bien que hayas hecho un cambio tú sola, por ti y para ti, y el que te merezca (o crea merecerte) que se lo curre.

  2. EStas de pelotas… No me creo, ni me creere que hayan sido ellos los que te hayan hecho mcabiar o evolucionar. Lo que creo es que cuando evolucionas te olvidas tanto del pasado que, de esa etapa, solo recuerdas el culo de algun mozo. De ahi a lo otro va un abismo… Ya te he visto evolucionar algo y… bajate de la burra, fuiste tu pequeña padawan 😉

  3. Bichejo tienes un poco de razón, debería haberme quedado con alguna etiqueta, pero lo he pensado tarde 😛 Lo del guapo subido no se ve a simple vista, lo noto yo cuando me miro al espejo, que pienso “Joder, tía, pues tienes una cara bien guapa!” 😛

    C. Obviamente he evolucionado sola, pero siempre había alguien a la vista. Ojo, mis decisiones son mías, siempre las he tomado yo, pero uno de los elementos a valorar era lo lejos que me iba a quedar el amor de mi vida del mes en el que tomaba la decisión. Mira, algo de lo que no me arrepiento es haber preferido dejar atrás a los hombres antes que a las decisiones, total, de esos hay a patás 😛

  4. bacause you worth it!!

    Amiga, nunca diógenes, siempre tirar. Es mi lema. Bien hecho.

  5. Entre la trilogia de Stieg Larsson y tus post se me van a chamuscar las pestañas Min…a mi tambien me ha producido ternura y un aluvión de recuerdos lo que contabas acerca de las etiquetas, los vaqueros y la adolescencia. Sin embargo me parece una buena elección arrojar a la basura lo que esta de más…..

    C. Maltes, arqueando las cejas ante el extenso historial afectivo de Min.

  6. Barbi es que me cuesta tanto tirar… imagínate que si llego a leer a Bicho con las etiquetas antes de la desposesión me hubiera guardado un par de ellas xD y lo que es peor, si antes de teñirme el pelo llego a saber lo que venía detrás, a lo peor me lo hubiera pensado, porque es como en el concierto de Conchita, aunque suene absurdo, es que luego te da pena, porque no te has dado cuenta de cuándo ni cómo ha pasado :/

    C. Maltes me haces sentir excesiva 😦 jopetas, al menos enganchan, no? porque si encima me salen post aburridos apaga y vámonos. Y por lo otro… es que me gustan los tíos imposibles, algún buen psicólogo diría que por el miedo al éxito-fracaso que supone empezar algo y que luego se joda, pero como me aburría rápido de intentar ligarme a tíos fuera de mi alcance, pues cambiaba rápido XD pero novios efectivos y de los de sentir algo más que estados de gilipollez transitoria (y corta xD) muy pocos, eh?? no vayas a pensarte que además de una punk de los sentimientos (me encantaría que me explicaras de qué va eso xD) soy una saltimbanqui de las relaciones/camas/whatever 😛

  7. Queria decir que eras radical en tus sentimientos: cada vez que das un giro en tú vida dejas un hombre, entre hombre y hombre arrojas 30 bragas por la borda,te has desposeido de todas tus aspiraciones emocionales, pero no paras de pensar en hombres del pasado, te vuelves castaña y no hay quien te tosa…. No te apures Min pero tus post tienen que ser largos a la fuerza, y entretenidos.

    C. Maltes, ante fenómenos imprevisibles de la naturaleza

  8. C. Maltes, sin que sirva de precedentes y sólo porque me encantas, voy a confesarte algo, pero de las confesiones del Carnicero, no de las de la Iglesia, que aquí no hay acto de contricción ni vocación de no volver a repetirlo que valga, porque me encanta. No soy tan punk, no dejo a los hombres como quien tira un kleenex, la mayor parte de los hombres de mi vida han sido amigos, amigos muy queridos, y con los que la relación ha terminado por enfriarse por millones de motivos, pero el desamor no ha sido la causa más que de… dos o tres. Es inevitable que piense en los hombres de mi pasado de vez en cuando, sobre todo cuando necesito excusas para un post o me pongo a analizar mis patrones de comportamiento 😛 Y en cuanto al tema del pelo, es que a mí los cambios de look me dan mucha seguridad en mí misma, porque me veo mucho más mona en el espejo, es como el principio del cambio real. Próximamente una categoría “claves para entender a Min” xD que si no me salen largas hasta las respuestas a los comentarios 😛

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