Femineidad

Suena: Lía de Ana Belén.

Cita del día: La mujer no ha nacido para que se le comprenda, sino para que se le ame. Federico García Lorca.

Pensamiento inconsistente: a pesar de lo coñazo que resulta, me siento extrañamente bien cuando me paso diez minutos dandome potingues.

El otro día estuve a punto de escribir sobre el coñazo de ser mujer. No porque no me guste, que me encanta, aunque tenga sus inconvenientes, sino porque es lento, muy muy lento.

Ahora que estoy en Madrid, mi piel pide más y más cuidados cada vez, y además a gritos. Y no, no tiene nada que ver con la edad, cuando estaba en Bilbao no noté el cambio, y cuando estaba en Burgos tampoco. No llevo tanto tiempo aquí como para notar la diferencia que no he notado en los años anteriores, que la edad no te cae del cielo. Noto que, gracias a la sequedad del clima, mi piel se deshidrata con más facilidad, y sigue igual de sensible que siempre. Y no me gusta. Se supone que tengo una piel maravillosa, al menos eso dicen todas las esteticistas que me han hecho algún tratamiento facial en mi vida (tres y una que sólo me depiló las cejas un par de veces), suave y fina, libre de acné y no sé cuantas historias buenas más. Pero eso requiere una cantidad de cuidados que viene siendo desmesurada, me temo.

Recuerdo con claridad la primera vez que me paré a pensar en la femeneidad este año. Fue a raíz de una conversación en la que alguien me dijo que la mujer de su vida, además de una enumeración de cualidades bastante complicadas de compatibilizar en una sola persona, tenía que ser femenina. Y claro, no quise indagar más, pero pensé. Fue una de esas ocasiones en las que pensé y medité lo que me habían revelado. Una mujer, para ser de verdad una mujer, tiene que ser femenina. Qué cosas. Nunca en mi vida me había parado a pensarlo. Suponía que yo era femenina porque me gusta salir bien arreglada, porque me cuido la piel y el pelo, porque llevo las uñas medianamente arregladas (¿alguien sabe cómo se combaten los padrastros? tengo la zona de las cutículas un poco hecha polvo 😦 ) porque combino mi maquillaje con la ropa que llevo, porque compro revistas de moda y las adapto a mis gustos, estilo y presupuesto; en resumen, porque soy coqueta y presumida.

Habrá gente que me conozca que piense que lo de ser coqueta es una pose, y lo entiendo, porque los tópicos y las ideas prefabricadas son muy malas, pero están ahí. En cambio, si pasas conmigo el tiempo suficiente acabas por darte cuenta de que, cuando no estoy nerviosa ni coartada por acabar de conocer a alguien, soy coqueta, en cada uno de mis gestos, y coqueteo. Mucho. Me encanta. Recuerdo que en mi primer año de universidad, mi compañera de habitación del colegio mayor me echó la bronca, porque parecía que coqueteaba con todos menos con los que me interesaban. Fue allí cuando empecé a controlarme, y fue hace no mucho cuando decidí volverme a soltar la melena. Me gusta coquetear, y al que le moleste que se joda. Porque es lo que hay.

Para mí también eso es femineidad. Es algo que casi todas las mujeres tenemos, queramos o no explotarlo, queramos o no mostrarlo abiertamente. Aunque disimulemos yendo de marimachos. Aunque no nos guste darnos cremas. Aunque pasemos largas temporadas descuidandonos. Es algo que está ahí, es parte de nuestra magia, es lo que nos diferencia, por encima de todas las diferencias biológicas, que al final no son más que complementos necesarios para el mantenimiento de la especie. Es la magia que nos hace especiales, que nos hace mujeres, y que nos hace bellas. Cada una de una forma única. Y la forma en la que se nos entrega el poder de usar armas como poner ojitos o resistirnos a ellos frente a un hombre, o dejar caer lastimeramente para que acaben haciendo lo que nosotras queremos. Todas esas pequeñas cosas que nos hacen especiales y diferentes son, para mí, la femineidad. Incluido el coñazo de tener que aplicarnos cinco cremas al comenzar el día para estar espléndidas y maravillosas el resto de la jornada.

Ya se me ha vuelto a ir la olla, no me lo tengáis en cuenta, es la hora 😉

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8 comentarios

  1. Cuando un hombre define que una “mujer ideal” ha de tener formación, saber estar, conversación agil, inteligente, atractiva, etc… y, además, añade al final: femenina, lo que está queriendo decir es lo siguiente:
    Que la tía esté a la misma altura que el maromo a la hora de charlar, estudiar, dialogar, etc, y cuando el “niño” se pone en plan “macho”, que la tía cambie también y se ponga en plan hembra. ¿Qué sugiere eso? Puede que un comportamiento machista, cierto, pero también se puede aplicar a la inversa. Lo que sucede es que en boca de una chica guapa, inteligente, extrovertida, oirla decir “me gusta un tio macho” puede sonar a “despectivo” para el hombre interlocutor o a que ella sea ninfómana jejeje.

    El caso es que a un hombre no se le tiene en cuenta tanto cuando exige feminidad (o femineidad) como a una mujer que pida “masculinidad”.

    Otra cosa es que empleemos “feminidad” como sinónimo de coquetería. Ya son cosas más triviales. Pero “feminidad” empieza por F, lo mismo que “Fuck you”, y eso se lleva en los genes 🙂 🙂
    Besos.

  2. >>Aunque disimulemos yendo de marimachos.(…)Es la magia que nos hace especiales, que nos hace mujeres, y que nos hace bellas.

    Eso es una de las cosas más sexistas que he oído en mi vida, Min. Y muy triste viniendo de una mujer que, como tú, vive en el SXXI y tiene una carrera y medios de realización personal auténtica. No lo esperaba de tí, y me ha sorprendido mucho. Una mujer no es menos mujer por no maquillarse. O por ser fea. Equiparar “lo que nos hace mujeres” a “lo que nos hace bellas” es admitir que para ser mujer, tienes que ser bella; que el requisito para ser mujer es la estética.
    ¿Y qué es eso de llamar a nadie marimacho? ¿Es que no sabes que hace un par de siglos las feministas eran denigradas como marimachos por los que querían coartar sus libertades? O se sometían a los criterios de lo que socialmente “significa ser mujer” -ser mamá y soportar cuernos-, o eran tachada de marimacho. Es tristísimo que se emplee ese término tan extremadamente sexista hoy día. Y mucho peor que lo haga una mujer.

    Coquetear puede ser algo divertido o una frivolidad, y desde luego que no define la femineidad de nadie. A mí no me gusta coquetear y no soy menos mujer que tú. Y me parece trivial manipular a un tío, puede ser divertido hacer el tonto un rato, pero pensar que un hombre es meramente un animal es triste. No puedo pasar el resto de mis días con un gilipollas descerebrado que haga todo lo que yo le diga por el hecho de que puedo ser más o menos bella.

    Deberías replantearte un par de cosas, si de verdad crees que tu femineidad está definida por coneptos meramente estéticos.

  3. Qué quieres que te diga, Min. Planteamientos como ése son los que siguen permitiendo la existencia de una cultura eminentemente machista.
    Está muy bien que te guste coquetear y ponerte muchas cremitas. Nada en contra si así te sientes guapa (aunque yo, personalmente, lo vea innecesario).
    Lo que me asusta es que pienses realmenmte que es eso lo que te hace mujer, que opines que tus “armas” han de usarse y que bastan para ser mujer. La verdad es que eso está muy muy cerca de considerar a las mujeres como meros objetos decorativos, Min.
    No sé, creo que tanto tú como cualquier mujer sois bastante más que vuestros cuerpos y vuestras peculiaridades comportamentales heredadas socialmente. La verdad es que, para mí, pensar en una mujer no femenina es algo imposible. Aunque claro, todo depende de si consideras la “femineidad” actual como un lastre social de tiempos lejanos, que es lo que yo opino.
    Por supuesto, si tú (y la mayor parte de la sociedad, resto de mujeres incluidas) opinas que una mujer es un objeto decorativo y bonito, normal es que en esta sociedad se os trate como objetos, como pertenencias. Con los resultados que ese tipo de relaciones tiene a veces.

  4. No, espera, alguien ha entrado con la clave de Min y ha pegado este post,sacado de un Superpop de los ´80.

    He quedado terriblemente afectada tras la lectura de esta entrada. Tengo la imperiosa necesidad de quemar alguno de mis sujetadores. Ahora vuelvo.

  5. Bah, no hagas caso. No tengo muy clara mi posición sobre este tema, pero me parece que estás en tu derecho de que te guste sentirte femenina si te apetece. Claro, siempre que no exijas de los hombres que sean ‘machos’, es decir, que sepan reparar cosas, que les guste el futbol y todo eso.

    Lo malo de estos tiempos me parece que es precisamente que las mujeres se pueden colocar donde quieran mientras que los hombres tenemos cada vez menos claro cual es nuestro sitio. Antes me gustaba leer el cosmopolitan para ver si entendía algo más a las mujeres, pero creo solo me confundía más…

  6. No habéis entendido nada. Absolutamente nada. O no me sé expresar. Who knows. De todas maneras no estoy de humor para explicaciones largas y filosóficas. Sólo un apunte: no es ser bellas lo que nos hace ser mujeres, sino ser mujeres lo que nos hace ser bellas. Lo mismo que (desde mi machista y absolutamente retrógrada mentalidad, por lo que parece) opino que con un hombre cerca me siento más segura en determinados ambientes y circunstancias (por ejemplo, no me importa pasear con mi mejor amigo por tirso de molina a las dos de la madrugada, pero sola no me metería ahí ni borracha).

  7. En mi opinión, si me permitís la intromisión, se están mezclando conceptos aquí. La feminidad y la masculinidad, además de ser tópicos para hacer chistes y términos definitorios según el sexo de cada uno, son también conceptos subjetivos según la forma de sentirlos de cada cual. “Lo esencial de la mujer se siente más que se ve” dice Ana Sastre, y efectivamente, cada cual lo siente de manera diferente y muy personal. Así es y así debe ser porque por personales, todas son lícitas. Otra cosa es que la forma de sentir su feminidad de una mujer a otras les parezca insensata o incorrecta, lícito también; pero no creo que lo sea condenar cómo lo sienta esa otra.

    Yo puedo sentirme muy femenina, o no, igual con deportivas, coleta y la cara lavada, que con vestido de noche, excelente perfume y perfectamente maquillada y peinada, y otra mujer del siglo XXI sentirse así sólo si va maqueada, o sólo en ropa deportiva, o sólo embutida en un sugerente picardías, o.. No sé si me explico, lo que quiero decir es que eso es lo de menos, es del envase de lo que se está hablando, de su exteriorización, y no de la esencia que contiene, que es donde reside la verdadera feminidad. Pero ésta, como el carácter y la personalidad, va en muchas mujeres unida a la seguridad y la confianza en una misma. Por eso el “envoltorio” no deja de ser importante en esta cuestión, pero de ahí a centrarlo todo en él va un abismo.

    Si Min siente que su feminidad reside principalmente en su coquetería pues perfecto; yo siento que la mía reside en una cierta masculinidad que me define, y que me diferencia de otras muchas mujeres y me proporciona un no sé qué que qué se yo; y mi mejor amiga la siente en su emotividad a flor de piel. Éstas sólo son las partes sobresalientes de la forma; el fondo, lo que ni Min, ni yo, ni mi mejor amiga seguramente podemos ver es lo que realmente verán los demás a la hora de valorar nuestra feminidad. Y, por supuesto, unos verán una cosa, y otros otra, incluso habrá alguien que no me encuentre en absoluto femenina, porque idiotas hay en todas partes, y sobre todo porque cada persona es un mundo y la percepción, máxime la subjetiva, es personal e intransferible.

    Por otra parte está la cuestión de la existencia de diferencias psicológicas, fisiológicas y físicas entre el hombre y la mujer. Su existencia sería indiscutible, pues es un hecho probado científicamente, siempre que se considere ciencia a la psicología, cosa que sí es discutible. A mí desde luego me tienen ganada para la causa porque si no tendría que pensar que tiré años estudiando algo que creía ciencia y no lo era.

    El hombre y la mujer son diferentes y complementarios, la cara y la cruz de una misma moneda. Se comportan, piensan, razonan, sienten, sueñan, discuten, se preocupan, hablan, reaccionan y se enfrentan a los problemas de forma diferente, tienen distintos circuitos cerebrales y distintas capacidades físicas y psíquicas. Así es, psicológicamente hablando, porque antes de que utilizáramos términos como “machismo” o “feminismo” cada sexo se ocupaba de distintas tareas muy diferenciadas para las que tenía que tener y desarrollar unas características especiales. Hay estudios serios y científicos sobre el tema publicados en artículos, tratados y libros cuyos títulos puedo proporcionar a quien sienta curiosidad.

    Es probable, por cierto, que con el tiempo estas diferencias psicológicas, dado que ya no son necesarias para la supervivencia, desaparezcan, pero no será algo que vean nuestros ojos.

    Y por otra parte, y es algo que no se debe mezclar con lo anterior, están las diferencias educacionales o circunstanciales, que sí son salvables por medio del “no dejarse llevar por la tendencia”. Porque naturalmente, cada persona, sea hombre o mujer, es única y puede decidir por sí misma, dentro de sus capacidades, su pasado educacional y su entorno particular, en situaciones normales que no impliquen supervivencia o estrés acusado, su actuación. De ahí que haya mujeres más agresivas que algunos hombres, hombres más sensibles que algunas mujeres, mujeres a las que les gusta el boxeo y hombres que se pirran por el ballet, y otras excepciones por el estilo, sin tener por eso que ser machorras ellas o afeminados ellos.

    Y, desde luego, estas diferencias educacionales, psicológicas y físicas no implican desigualdad si ésta se entiende como ventaja o desventaja porque, como ya he apuntado, hombre y mujer tienen la función de complementarse.

    Como última acotación a mi ya larguísima y tediosa participación, diré que incluso en las parejas homosexuales uno de los miembros cumple el rol femenino y el otro el masculino. Y esto es así porque así debe ser naturalmente, es decir según lo ha dispuesto la genial Madre Naturaleza.

    Perdón por la charla, ¡menuda forma de entrar en una bitácora!, prometo más brevedad en el futuro.

  8. Blanco Humano yo reparar lo que se dice reparar no sé, pero para cambiar una bombilla, desatascar un grifo o llamar al técnico me basto y me sobro 😛 a la masculinidad le dejo la parte de hacerme sentir segura a las tantas de la madrugada en mitad de la calle en mitad de la noche 😛 ¿se me permite? xD

    Bienvenida Electra, siéntete como en casa 🙂 Larga es, para qué engañarnos, pero de tediosa nada 😉

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