Aquella vez que…

Suena: Sex (I’m a) de Lovage

Cita del día: “Que sueñes con los angelitos” “Intentaré soñar contigo”

Pensamiento inconsistente: pereeeeeeeeeeeeeeeeza, voy una hora tarde a clase, que mal, no poder quedarme otra en cama!

Lo único que voy a puntualizar de la cita del día es que la primera parte es mía, y la segunda, a pesar de que no hacía tanto que me lo decía alguien, me sorprendió y me hizo sonreir un poco bobamente.

En la quedada de Madrid de hace unos días, casi cuando hicimos dos grupos, se comentó la posibilidad de un post multitudinario conjunto sobre qué nos gusta que nos hagan en la cama (o el sofá, la alfombra, las mesas enormes de una vetusta biblioteca y tantos y tantos otros sitios) y la posibilidad de que colaborara enviando un relato con el que gané un premio hace ya un año y medio a Quédate a dormir. Al final ni me he acordado de pedir el mail ni el msn de Be ni he enviado el relato ni nada, así que he decidido que voy a publicarlo aquí. Se aceptan y agradecerán críticas y eso. Si tienes menos de dieciocho años dale a la X roja de la pestañita/ventanita, porque el concurso era de Sexsaludalia, una página web dedicada a la salud, higiene y disfrute íntimo. Y a la educación sexual, claro. Sin más chapas, que últimamente me salen solas, os dejo el relato. [Culpas a Jez que me dijo que lo publicara y a Barbi que me dijo que ganar un premio, aunque fuera de un certamen guarrete, era una cosa bueeeena]

Otra forma de despertar.

Siento frío. Intento alcanzar algo con lo que cubrirme, pero no puedo moverme. Noto que algo mantiene mis brazos y mis piernas atadas. Es incómodo pero no tanto como para resultar doloroso… creo que estoy atada. Grito y de repente él aparece en la habitación.
— ¿Qué te pasa?— parece desconcertado — ¿no recuerdas lo que pasó anoche?
— No… no recuerdo nada… tengo frío… ¿por qué estoy atada? Por favor, dime que ha pasado—si no conociera a Manu pensaría que me han secuestrado, pero hay algo que hace que sienta que no estoy en peligro.
—Intenta hacer memoria—me dice mientras me echa por encima una manta fina. —Volveré más tarde—y cierra tras de sí.
Voy tratando de encajar las piezas para completar el puzzle que me lleve a saber cómo he llegado a esta situación; me sorprende estar excitándome. Tras el desconcierto inicial, ver la cara de Manu me ha tranquilizado hasta el punto de excitarme con sólo tratar de recordar lo que ha pasado esta noche.
Recuerdo haber salido de casa con dos de mis amigas. Cenamos con vino. Quizás demasiado vino. Tomamos un café y fuimos a bailar. En la discoteca me encontré con él. Se llama Manuel y le conozco desde que salía con una compañera de clase. Me invitó a tomar una copa. Y luego otra. Y cada vez estábamos más cerca uno del otro. Yo notaba que iba bajando el tono de voz, cada vez más susurrante, lo que me obligaba a acercarme cada vez más a él. Y en un momento estábamos besándonos. Y en otro momento estaba deseando que me dijera aquello de “cariño, vayámonos de aquí”.
Al salir de la discoteca, entre besos, me avisó de que sus tendencias sexuales no eran demasiado comunes, pero me dijo que si confiaba en el y me dejaba llevar pasaría una de las mejores noches de mi vida. Y acepté. En ese mismo momento me dijo “a partir de ahora harás exactamente lo que yo te ordene. Ni más ni menos. Si no estás dispuesta dímelo ahora porque después ya no habrá marcha atrás”.
Accedí porque se trataba de él. Desde siempre sentí curiosidad y pasaba ratos muertos pensando en cómo sería debajo de aquellas camisas de cuadritos, y si en la cama se movería igual de bien que en la pista de baile; no aprovechar la oportunidad de descubrirlo era lo más ridículo que podía hacer. No sabía lo que me esperaba. Y sólo con recordarlo, vuelvo a excitarme.
Al llegar a su casa me dijo que me fuera a la ducha. El trato frío me sorprendió. Había estado muy cariñoso hasta que salimos de la discoteca, pero ahora era alguien completamente diferente. Me quité la ropa y me fui al baño. Cogí una pastilla de jabón y cuando comencé a enjabonarme se asomó a la puerta:
—Empieza a acariciarte. Quiero ver cómo calmas tus instintos cuando no tienes una buena polla a tu disposición —y realmente sonó como una orden.
—Pero… —intenté objetar algo, pero ni siquiera me dio tiempo para hacerlo.
—Haz lo que te digo si no quieres acabar con el culo caliente —y se apoyó en la pared mirándome mientras se acariciaba por encima del pantalón.
No traté de cuestionarlo de nuevo, simplemente hice lo que me decía. Mientras me acariciaba la vulva con una mano me pellizcaba los pezones, alternativamente, con la otra. La vergüenza que sentía al notar sus ojos clavados en mí sólo aumentaba mi excitación, y cuando estaba a punto de correrme, me ordenó parar con una voz tan seca y dura que paré de inmediato.
Cerró el grifo, sacó una toalla del armario y me secó delicadamente. Después me cogió en brazos y me llevó así hasta su cama. Estaba desconcertada por su trato, ahora delicado y atento, ahora duro y cruel.
Me tumbó en su cama y me ató a ella en cruz, dejándome completamente expuesta. Saco una caja de condones y después una caja lacada en negro. Me acarició y me rozó la boca con sus labios apenas un par de segundos.
Abrió la caja negra y saco un látigo negro pequeño, unas pinzas y varios vibradores. Acto seguido sacó un pañuelo y me tapó los ojos.
—Ahora limítate a disfrutar—me susurró al oído.
Mi piel estaba erizada esperando un movimiento, una caricia, un latigazo, algo. Noté que algo aprisionaba mis pezones. Un intenso dolor me atravesó y grité, pero un beso en la boca me hizo callar mientras una de sus manos me acariciaba la vulva. Cuando dejó de besarme mis gritos se habían transformado en jadeos, mi respiración acelerada y entrecortada le daba a entender que me gustaba lo que estaba haciéndome.
De repente puso algo frío y viscoso en mi orificio anal. Supuse que era lubricante, y, como era de esperar, comenzó a acariciarme, primero haciendo círculos y luego intentando penetrarme con uno de sus dedos. Cuando mi esfínter hubo cedido a la presión saco el dedo y sentí cómo comenzaba a comerme el coño. Mientras jugaba con su lengua en mi clítoris noté, nuevamente, una presión en el ano, pero ahora no era un dedo, su tacto era mas suave, mucho mas uniforme. El objeto iba haciendo cada vez más presión en mi ano y era bastante incomodo, pero su lengua lamiendo mi coño distraía mi atención lo suficiente, hasta que noté una punzada de intenso dolor: el dildo se había abierto paso y ahora estaba encajado en mi culo. Manu comenzó a masturbarme con las manos mientras seguía jugando con su lengua en mi vulva, mi excitación no paraba de crecer y mis gemidos lo dejaban claro.
Cuando mi cuerpo comenzó a agitarse, la actividad paró en seco. Supliqué que por favor me follara, o que siguiera comiéndome el coño, pero que hiciera algo. Suplique que me llevara hasta el final, que no me dejara allí, jadeando y suplicando. Me sentí más puta de lo que jamás pensé que pudiera ser, y cuando daba todo por perdido sentí que se reanudaba la actividad. Ahora había algo del tamaño de una polla empujando para entrar en mi vagina, pero estaba demasiado frío para ser un miembro humano, y cuando comenzó a vibrar supe exactamente de qué se trataba. Manu estaba otra vez lamiéndome el clítoris, sólo que en vez de meterme los dedos me había metido uno de aquellos consoladores. Era incapaz de contenerme y mis gemidos iban transformándose en gritos de placer; pero, nuevamente, cuando iba a alcanzar el deseado orgasmo paró en seco. Y fue inútil suplicar.
—Si mañana sigues dispuesta a obedecerme, te concederé lo que suplicas ahora —me dijo mientras me quitaba el pañuelo de los ojos.
Se tumbó a mi lado, ahora completamente desnudo, exhibiendo su magnifico cuerpo, y comenzó a masturbarse. No pude evitar echar un vistazo a su polla, y deseé que la noche pasara deprisa.
He conseguido recordarlo todo, y entrar en calor. Y oigo pisadas en el pasillo. — ¿Has recordado algo? —me pregunta al abrir la puerta.
—Sí— y no logro evitar que se me escape una sonrisa pícara —y estoy dispuesta a obedecerte a lo que sea con tal de que me des ahora lo que no quisiste darme anoche.
Me besa en la boca y presiento que ahora empieza lo realmente interesante.

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13 comentarios

  1. Y de quién era la segunda parte de la cita? eh? eh?

  2. ¿No vas a decir nada sobre el relato? ¿Sólo te interesa la segunda parte de la cita? Shhhhhh se dice el pecado, no el pecador 😛

  3. Sólo se me ocurre a mí ponerme a leer esto durante el máster…

    Te aseguro que es muy buen relato.

  4. ¡Guarra, impía, pecadora!

    ¡Bien hecho!

  5. radagast, que te cargas el pupitre!!

  6. jajajaja Raaad!! mira que la pobre avisa que es erótico…

    Min, pero el relato ya lo conocía y ya te di mi opinión, ya te dije que era indigno y sucio y que yo soy una chica decente.

  7. Ups, lo siento Rad xD me alegro de que te parezca bueno 🙂

    Jez gracias 🙂 se hace lo que se puede xD

    Orofëa jomio de verdad que bastito eres xD

    Barbi pero esas cosas se disimulan!! jajajaja

  8. jo, barbija, pues qué bien lo disimulas!

  9. ñiñiñiñiñiñiñi

  10. Tititititititititi (onomatopeya de un intermitente).

  11. Joder, el ESO, como las tira xD

  12. Yo alabando las dotes literarias de Min y vosotros diciendo soeces…
    Si es que entiendo perfectamente al amigo Desi. Sois de un insensible que pa qué. 😛

  13. Gracias Rad, al fin alguien que se da cuenta 😉

    Min, no me extraña que ganases. Muy buen relato (espero que secases el premio, fuera cual fuera :P)

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