Carta abierta a mi subconsciente.

Suena: Promesas que no valen nada de Los Piratas y acto seguido Noches de Boda de Joaquin Sabina.

Estado de ánimo: gratamente sorprendida

Pensamiento inconsistente: o todos de golpe o absolutamente nadie.

Hola, soy yo. Tu consciente. O algo así.

Me veo obligada a enviarte esta carta porque me has dado una noche horrible. Eran las dos pasadas cuando conseguí dormirme, lo cual estaría bien si fuera fin de semana y no hubiera salido, o jueves después de un par de copas. Incluso para un lunes o un miércoles, que al día siguiente no tengo clase, seria aceptable. Pero no para un jueves lleno de alegrías. Se supone que ayer era uno de mís días. Pero no, porque ahí estabas tu, querido subconsciente, para joderme la noche una vez más.

Los nervios de la tercera entrevista de trabajo de la semana (de cuatro CV que he enviado directamente vía mail) me tenían un poco dispersa. Pero eso no es todo. Es que además básicamente ya no necesito hacer más entrevistas, pero soy una persona comprometida, no quiero dejar tirada a una señorita hoy sólo porque seis horas después de su llamada me llamara otra persona interesada en mi perfil de forma más segura, hay que hacer lo que hay que hacer. No se hable más. Es un hecho.

La cuestión es que dejé todo terminado para pasar hoy a imprimir un caso que tengo que entregar en la escuela, ordené la carpeta para tenerlo todo listo y no perder el tiempo en naderias, y me acosté. Fallo mío no dejar también en orden el bolso, es lo que hay. Y me acosté. Tarde. Sobre la 1:40, porque estaba eléctrica. Nunca me había visto en una situación así, porque para mí lo normal es una sucesión de entrevistas que dan pie a la más absoluta nada. Pero esta vez no es así. Y estaba nerviosa. Feliz, pero nerviosa.

Bueno, pues me has sorprendido a las cinco y media con un susto de muerte. No tengo ni idea de con qué me estabas torturando, pero no debía ser agradable, a juzgar por cómo he echado mano del despertador para mirar la hora. A las seis y media más de lo mismo. Me duermo a las mil y encima vas y me desvelas dos veces. No hay derecho. Y por si no hubieras tenido poco el despertador me ha arrancado bruscamente de una pesadilla. Una bastante desagradable.

He pasado por todo lo que hay en las pesadillas. Un pequeño bastardo que nunca supo valorarme por mí misma como coprotagonista de la pesadilla en la sombra. Resulta que no sólo no acaba como en la vida real, sino que además me he ido a vivir con él a su antigua casa. Genial. Al menos mis amigos también se han cambiado de ciudad, todos ellos. Y yo he decidido salir con ellos para celebrarlo. Guay. Él no quiere salir por mil excusas, así que queda viendo Lost. Bebemos y celebramos la feliz noticia, y ya muy tarde vuelvo a casa en metro (WTF? Estoy en una ciudad que no tiene metro!) De repente sin saber como y en la puerta del portal de mi casa estoy desnuda, con una pasmina y un bolso vacío. Llamo al portero, me abre, monto en un ascensor que no reconozco para no seguir ahí en medio en pelota y poder entrar en calor y preguntarle que tal la noche, ascensor sólo de visitas turísticas, para ver el edificio de siete plantas desde lo alto. Joder, subconsciente, podrías ser un poco más coherente. Resulta que vivo en algo que tiene una iglesia delante… en fin, me voy a los ascensores de verdad y hay millones de personas. Subo en el primero que tiene sitio y aparezco en un lugar indeterminado en los alrededores de Bilbao. Casi nada. Una amiga que hace un año que murió me presta otra pashmina y una gabardina o algo así para que pueda taparme. Vuelvo a mi casa en la ciudad del quinto pino y sin metro, pero vuelvo en metro. Yo tampoco lo entiendo así que déjame terminar antes de tocarme más la moral.

Ahora viene lo mejor. Llego a mi casa, entro, encuentro y reconozco el ascensor, quinta planta (WTF? no recuerdo ni siquiera que el edificio tuviera cinco plantas, podrías ceñirte un poco a algún hecho documentable) llamo a la puerta y me abre una chica que me suena de haberla visto en foto con el tio que se quedó viendo Lost. Pregunto por él. No vive aquí. No me toques las narices rubia. Espera. Me cierra la puerta y de repente aparece un tio estúpido hasta la médula con su séquito de gilipollas integrales que conocí en Bilbao. Mierda. No puede haber nada peor. Sí, si puede. Están ahí porque él les ha llamado, para que me convenzan de que coja mis cosas que están ahí por error y me pire. Lo ha organizado todo, me temo, hasta el cambio de bolso lleno por bolso vacío. Y lo que es más increible, también ha hecho que aparezca metro en una ciudad que ni siquiera tiene un proyecto para que aparezca. Angustia existencial, de nuevo dudas. Suena el despertador. Mis amigos siguen siendo mis amigos. Esa gente sigue fuera de mi vida. Alivio existencial. Felicidad incrementando. Ducha, desayuno, post, no quiero que se me olvide ésto.

Así que ya ves. No recuerdo un sueño más intranquilo ni menos reparador. Es por ésto que quiero pedirte que termines de sacarte de encima a la gente que yo ya he dejado pasar. Joder, como para apuntarme a Facebook… apenas me daría para varios millares de pesadillas con los contactos de mis contactos. Que va, que va, muchísimo mejor seguir confiando en mi agenda para recordar a la gente que quiero recordar, y ya me las apañaré cuando quiera reencontrar a alguien. Pero, querido subconsciente, ayudame un poco, porque así no hay quien viva.

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2 comentarios

  1. Me gusta este post, si no te importa te lo enlazo desde mi blog, que me hice un apartao pa eso mismo, pa las entradas que más me gustan.

    Y con respecto a lo del Facebook, sigue así! no caigas por mucho que te insistan…

  2. 🙂 claro que no me importa, gracias 😉 y no, no caeré xD facebook es un pequeño hijo de satán xD

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