Corre, que llevamos prisa

Suena: Guarra, de Lula.

Estado de ánimo: indefinido

Pensamiento inconsistente: vísteme despacio que tengo prisa.

A veces, en el metro, cuando voy hacia la escuela, tengo la sensación de que, incluso cuando voy justa de tiempo, soy una de las pocas personas de esta ciudad que no vive consumida por la prisa. Me estoy acostumbrando a ver que todo el mundo baja las escaleras mecánicas del metro andando, con cara de mala leche desde las nueve de la mañana, estresados, incluso los lunes. Sí, me he planteado que sea yo, que soy muy pachorra, pero lo he descartado. Salgo de casa a las 9:30 de la mañana para entrar a clase a las diez, me levanto a las 8 aproximadamente. Me pego una ducha, desayuno, me arreglo para salir, vigilo que todo esté en orden, que no se me quede nada en el tintero, que no se me olvide la ley de enjuiciamiento porque luego me pongo de los nervios en clase cuando mandan consultar y toca esperar a que alguien que sí tenga la ley encuentre el artículo. Me subo al metro tranquila, más paseando que andando, porque hace una bonita mañana y no es necesario correr. Llevo mi música en el mp3, y tengo un libro para leer en el metro. Me dejo caer en las escaleras mecánicas mientras voy sumergiendome en el libro, leo metiendome en la historia, como si estuviera en el salón de mi casa, y no por encima y de pasada porque tengo que acabar ya para dar paso a la siguiente actividad.

Cuando llego a la escuela me encanta la amabilidad del conserje, su trato siempre correcto, siempre amable, y lo que es más, siempre simpático, sobrepasando por mucho los límites de sus obligaciones. Siempre tiene una sonrisa, y son momentos en los que me cuesta no preguntarme qué tiene él que no tengan el resto, los que no sonrien, los que van a todos lados con prisa, los que viven estresados desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche, y se acuestan pensando en problemas y en que tendrán que levantarse cinco minutos más temprano porque si no el primer café se lo van a tomar en la máquina del trabajo.

Quizás dentro de un par de meses sea otra estresada más, otra de esas personas que va acelerada a todas partes, quizás me haya sumado al ritmo frenético de la capital, o quizás siga como ahora, y como el mes pasado, cuando llegué aquí, pensando que una gran ciudad es una enorme oportunidad de esparcimientos y no simplemente una fábrica de estrés constante.

Y ahora estoy valorando la posibilidad de echarme una siesta, porque el curso que tenía esta tarde se ha suspendido porque no había suficientes personas apuntadas. ¿Quién querría negarse a aprender a redactar un convenio de separación matrimonial?

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