Más vale tarde que nunca

Suena: Desde mi libertad de Ana Belén

Estado de ánimo: nerviosa, pero menos

Pensamiento inconsistente: por favor, que la gente deje de picar en mi blog cuando buscan follar en el castillo de Olite 😦

No se por qué me ha venido esa canción a la cabeza al volver a ver la foto. No busquéis dobles sentidos ni intenciones raras, simplemente ha sido casualidad. Bueno, a lo que iba, ayer le pedí a Arguez que eligiera una foto de su galería para escribir sobre ella, porque mi inspiración está viendo cómo funciona el gran colisionador de hadrones, ese que en teoría iba a destruir el mundo el miércoles a las 9:30 am. hora española. Y tiene que volver desde Ginebra, pobre. Seguro que ha aprovechado para emborracharse. Bueno, allá vamos, a ver que sale entre la cancioncilla y la imagen, que, por cierto, me encanta.

Cuando se fue sentí la necesidad de volver al lugar donde nos conocimos.

Nuestro encuentro fue poco habitual. Aquel había sido un día extremadamente pesado y quise salir a pasear. La tarde estaba preciosa, el sol al esconderse nos había dejado unos colores preciosos en el horizonte, y mi tendencia a romperme la cabeza con problemas imaginarios me empujó a pensar en finales apocalípticos, lluvias de fuego, ángeles vengadores y todas esas zarandajas en las que una piensa cuando no se siente bien consigo misma.

Cuando giré en la curva de salida del pueblo me sorprendió que un cochazo se acercara. Sin lugar a dudas era alguien desconocido en el pueblo, nadie hacia esos alardes de poder adquisitivo, como mucho los más jóvenes llenaban sus coches de pegatinas, colores fluorescentes, alerones y demás historias que sólo conseguian empeorar el aspecto general del vehículo. El mercedes paró a mi lado y aquel hombre bajó la ventanilla para dirigirse a mí. Creo que fue una broma del destino. Me preguntó que si sabía dónde podía encontrar a mi madre. Sabía su nombre y sus dos apellidos, cosa que me resultó rara. Durante los primeros instantes pensé que aquel hombre querría vender a mi pobre madre alguna póliza de seguros o algo así, pero cuando me dijo que necesitaba encontrarla  con urgencia me asusté y le dije que era mi madre.

Me invitó a subir a su coche, y yo desconfié. Le dije que no subía en el coche de desconocidos, que la tele decía que era peligroso y mi madre me había enseñado a no hablar con desconocidos. Entonces llegamos a un acuerdo: él aparcaría el coche a la entrada del pueblo y yo le daría alcance andando para acompañarle a casa de Amparo. Mientras volvia andando tranquilamente llamé a mi madre para avisarla de que iba a llevar a casa a un hombre que preguntaba por ella, que no le iba a invitar a pasar ni nada, sino que llamaría al timbre para que se asomara y ella decidiera si era digno de fiar.

El hombre había salido a buscarme, supongo que estaba impaciente, y cuando me vio guardar el teléfono móvil me preguntó si había hablado con Doña Amparo. No ví necesario mentir, aunque tampoco vi necesario decir toda la verdad. Le dije que estaba comprobando que la señora estuviera en su casa. Le guié hasta la puerta casi en silencio absoluto. No quería saber nada de aquel señor hasta ver la reaccion de mi madre.

Cuando sonó el timbre no tardó en asomarse a la ventana, pero su expresión no tenía nada que ver con la indiferencia que yo esperaba encontrar. Las lágrimas comenzaron a caerle desde la ventana y me dijo que subieramos. Al llegar a la planta de arriba de la casa mi madre se debatía entre la risa y el llanto, contra todo pronóstico se lanzó a sus brazos y se fundieron en un beso que me recordó a Ingrid Bergman y a Humphrey Bogart en alguna escena de Casablanca. Fue así como conocí a mi padre, aquel que se fue a Alemania a trabajar cuando yo acababa de nacer, aquel a quien mi madre no creyó volver a ver nunca más.

La tradición comenzó el día que lo enterramos, y ya es el quinto año que vengo a esta curva a sentarme y contarle cómo va mi vida en el día que celebro haberle encontrado, aunque fuera quince años tarde. Y es que a veces más vale tarde que nunca.

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4 comentarios

  1. Buah, ya era hora, he estado entrando un monton estos ultimos dias a ver si actualizabas, me he vuelto adicto xDD

    Me ha encantado la historia 😥 sigue asi 😉

  2. Joer, kyx, gracias, pero personalmente me ha parecido un poco mala… estoy sin ideas 😦 , eso sí, me alegro de que te hayas vuelto adicto 😉

  3. A ver capulla, bno es que sea mala, es que es triste con ganas. Y esto me hace pensar una cosa… la historia muy bonita si pero… ¿por que en este tipo de relatos nunca se cuenta “esa noche”? porque a los besos bogartianos… lo mismo siguio una noche “Rocco Sifredi” y demas zarandajas que tal vez apaguen la pureza del relato, pero tabien hay que darse cuenta de que precisamente lo mas “bonito” no es la melancolia del reencuentro y posterior perdida, sino la alegria y el disfrute del durante… Cosa a la que se le da valor con el tiempo… Curioso ¿no?

  4. Hola guapa! ¡Cómo vuelvas a decir que algo que escribes no es bueno, voy y te dejo de hablar!
    En fin yo solo venía a decirte que me ha encantado, que es precioso, y que me ha emocionado. Por supuesto entiendo la opinión de C, pero prefiero este tipo de relato “bonito”

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