Casual post

Suena: Tómame o déjame de Mocedades

Estado de ánimo: acumulación de nervios y melancolía.

Pensamiento inconsistente: a pesar  de que hace casi dos años te sigo echando de menos. Lo mío es echar de menos.

Siempre he odiado que me llamen por el diminutivo de mi nombre. Hasta el punto de hacer comentarios absolutamente bordes a quien osara usarlo porque sí. Y de repente tuve que irme acostumbrando porque, por lo visto, a algunos amigos les gusta más cómo me queda que mi propio nombre. Incluso lo tengo de nick en el mail principal [nota mental: cambiarlo, para mails “profesionales” no suena demasiado bien]

Pero echo de menos especialmente cómo me lo decía C. aka K. Y más cuando vuelvo a leer su mail de aquella navidad en la que le regalé una edición especial de El Principito. Dos meses y algo más tarde, después de más de medio año deseándolo, pude abrazarle como si se me fuera a ir la vida al soltarle. Y aún me quedan ganas de seguirle abrazando.

Hace ya algunos años que vio en mí algo de lo que yo no era muy consciente, y es que […] somos especiales (putos frikis XD) y esta claro que los compromisos personales no son lo nuestro. Desde luego no son los mio y creo que lo tuyo tampoco. […] y tanto tiempo después yo sigo imponiendome un tipo de relaciones personales que ya me habían desvelado que no eran lo mío, y que yo me negaba a creer.

Supongo que llegará el día en el que me cueste más de un par de meses dejar atrás a alguien que se ha ido alejando de mí, y supongo que llegará el día en el que consiga darle dos bofetadas a alguien que me miente descaradamente y cree que puede salir impunemente del lío, y hacer como que nunca ha pasado nada y que ésto no nos ha dolido a ninguno de los dos. Pero hoy por hoy no estoy preparada.

Lo cierto es que estaba buscando otra canción que no tenía nada que ver con ésta, una de Conchita, pero me saltó ésta, de Maria Conchita Alonso versionando a Mocedades, que siempre me han gustado más la original. Y me he sentido identificada, bastante identificada con el sentimiento de disponibilidad de ella, con su “y si vuelves trae contigo la verdad, trae erguida la mirada, trae contigo mi rival, si es mejor que yo podré entonces llorar”, con la cobardía de quien busca fuera de casa lo que ya tiene dentro y no tiene el valor para dar la cara, para decir la verdad, para reconocer que ha estado jugando a varias bandas.

C. aka K. hace ya años me enseñó que la fidelidad no es estar con una sola persona y sólo con esa persona en cuerpo y alma y pensamiento, me enseñó que se pueden tener “aventurillas” fuera de una relación estable, satisfactoria y duradera y que no sea un engaño, sino una relación al margen, de la que ambos miembros de la pareja tienen conocimiento. Que se puede tener amigos del sexo opuesto sin tener que llegar a mantener relaciones sexuales con ellos, aunque se aborde el tema y se flirtee y que eso no implica, necesariamente, estar traicionando la confianza de nadie. Yo le adoraba, y me consta que él también me quería. Fueron buenos tiempos, fue muy divertido hablar durante horas simulando que ibamos a pegarnos un revolcon, y sobre todo era gratificante saber que su novia, con la que pensaba irse a vivir, conocía mi existencia y además no tenía ningún problema con ella, que hasta bromeaba con el asunto.

Varios años más tarde he pasado por una situación bastante diferente pero similar en el fondo. Él no tenía pareja cuando se propuso seducirme, y lo consiguió a pesar de que yo ya tonteaba con alguien. Fueron unos meses realmente bonitos y me sentí realmente querida y deseada. Y entonces, en el mejor momento, cuando haciamos planes absolutamente ilusionados y nos pasabamos varias horas hablando por teléfono sin contarnos nada especial, empezaron las mentiras. Y yo sabía que eran excusas, pero no quería creerlo, no queria que viera que no soy tonta. No quería que supiera que yo sabía que estaba engañandome, contandome bolas cada vez más grandes, y que ni siquiera se molestaba en recordar todas las mentiras que me había dicho para no descubrirse solo.

No necesito que traiga a mi rival. No hay rival, porque no sé qué me sedujo de él ni si era verdad o pose. Aunque lo intuyo, porque ahora mismo no estoy segura de que haya sido sincero conmigo más allá de su nombre y su afición a Lost. Creo que, como tantas otras cosas, esto ha llegado al principio de su final. Y si quiere volver, espero que tenga valor para traer la verdad por delante.

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5 comentarios

  1. Eres demasiado buena, yo no le dejaría volver, por mucha verdad que traiga por delate…

  2. ¿Sabes lo peor? Que ni siquiera tenía la necesidad de mentirme, porque no era una relación de pareja, y mucho menos era cerrada.

  3. Tengo una teoría. Hay gente que miente por una especie de condicionamiento genético, no pueden evitarlo. Aunque la verdad sea más beneficiosa en ese momento, no tienen más remedio que mentir. Aunque no ganen nada con ello, necesitan mentir. Como el respirar y el parpadear, mentir se convierte en algo mecánico y totalmente natural.

  4. Lo peor es que se creen sus propias mentiras y construyen una vida alrededor de ellas.

  5. Acabas de devolverme a mi dulce infancia con esa cancion (snif)

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