Suena: Sex (I’m a) de Lovage

Estado de ánimo: acelerando motores

Pensamiento inconsistente: la que me viene encima, señor!

El relato de hoy no está en absoluto basado en hechos reales, es un desvarío, ejercicio de estilo, o llámalo X, pero no está basado en nada que me haya pasado, ni a ningún conocido, amigo, etecé. No quiero malentendidos después 😛

Fnac de Plaza de España.

Es pleno agosto y Zaragoza hierve de calor. Esta siendo un verano demasiado caluroso y hasta los turistas lo notan. Después de barajar un rato mis opciones he decidido que es más refrescante irme a la FNAC a comprar un par de libros o discos o algo que sacie mi vena consumista en vez de volver a ir a la piscina del parque de atracciones. Si no tardo demasiado podría hacer incluso las dos cosas. Salgo de casa armada con una botellita de agua fría y una bandolera cómoda, vestida con una minifalda y una camiseta de tirantes que sofoquen los rigores del verano y unas chanclas cómodas. Bajo la Avenida de la Independencia y me dirijo a la fnac de Plaza de España.

Al cruzar las puertas la temperatura me sorprende, es muy agradable, y además huele mejor que de costumbre. Quizás acaban de poner ambientador o quizás yo estoy especialmente receptiva. Me pongo las gafas de sol a modo de diadema y subo a bucear entre libros.

Un hombre de aproximadamente cuarenta años sale de una estanteria, bueno, en realidad estaba detrás de la estanteria, pero su forma de abordarme me ha dejado tan aturdida que creo haberle visto salir de entre los libros de Almudena Grandes. Debe notárseme en la cara que estoy sorprendida porque acaba de lanzar su ataque.

-Hola. Puedes cerrar los ojos, estaba detrás de la estantería y ha sido casi una casualidad– me dice con la mejor de sus sonrisas.

-Perdona, es que me ha parecido que saltabas de entre los libros y me he quedado un poco alucinada, no me ha dado tanto el sol en la cabeza, ¿no? -y de repente uno sus palabras y reacciono -¿Cómo es casi una casualidad?

-Pensaba que no me lo preguntarías, o quizás que ni siquiera te darías cuenta. Ya veo. Casi una casualidad es cuando no esperas hacer algo pero de repente ves la oportunidad y decides aprovecharla. No es casualidad que estemos hablando, pero es casi casualidad, porque cuando vine aquí no tenía intención de conocer a la chica más bonita de la ciudad, y ya ves, ahora me encuentro hablando con ella. -No ha dejado de sonreir ni un momento y yo, en cambio, he pedido la sonrisa y el color en un momento para estar roja como un tomate y sin dejar de soltar risitas histéricas al siguiente.

-Pues yo no veo a nadie que coincida con esa descripción. ¿Siempre abordas a las chicas de la misma manera? -Mi tono suena quizás demasiado insolente, o quizás no, porque él sigue, impasible, su avance.

-No, no había abordado a nadie desde que conocí a mi mujer. Y lo de ella sí fue una casualidad completa, pero no creo que te apetezca hablar de ella, ¿o me equivoco? -A cada minuto me parece un poco más joven. Su sonrisa es arrebatadora y su forma de mirarme me enciende. Es como una estrella de navidad, que parece que si la miras brilla con más fuerza.

-No, en realidad no. Bueno, y ¿por qué me has abordado exactamente? -No puedo soportar la curiosidad durante más tiempo, si esta casado, ¿por qué es tan galante conmigo? ¿Qué quiere?

-Hace muchos años que no flirteo con nadie. ¿Aún se usa la palabra flirtear? Me parece casi un arcaismo. Y bueno, como estoy casado, ahora tampoco debería estar haciéndolo. Pero tu has podido más. Esas dos enormes ventanas que son tus ojos son demasiado bonitas para venir a comprar cultura solas. Si aceptas tomar un café y llevarte el libro que yo elija te invito a ambas cosas. Pero con la condición de que tienes que leer un capítulo mientras nos tomamos algo en la cafetería de la tienda. -Su cara de expectación, situada justo entre lo más absurdo y un gesto de seductor profesional me hace reir con tantas ganas que no puedo evitar aceptar.

Tras un momento de silencio vuelve a tomar la palabra. -Esta bien. Voy a por el libro. Espérame en la cafetería, por favor. Elige una mesa discreta, que no tengo ganas de dar explicaciones a mi mujer por tomar un café con una desconocida. -Y se va.

Y así he llegado aquí, a esta mesa escondida de la cafetería de la Fnac de plaza de españa, como no se de prisa, cuando venga no me van a quedar más uñas que morderme. Porque vendrá, ¿verdad?

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2 comentarios

  1. No nos mientas. Es evidente que te has basado en hechos reales. ¡Mentirosa!

  2. No conozco a ninguna aficionada a los hombres casados y yo hace mucho que dejé de tontear con emparejados. Al menos con los que sé que lo están 😛 Siento decepcionarte, pero lo único real es que conozco un poquitito Zaragoza xD

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