Vanity fair

Suena: No me importa nada de Luz Casal

Estado de ánimo: nerviosa, y no creo que cambie en un tiempo xD

Pensamiento inconsistente: hay que joderse.

Al fin han lanzado Vanity Fair en España. Y yo tengo un ejemplar [que, por otro lado, era de esperar]. Los reportajes son muy buenos. No tiene nada que ver con las revistas de tendencias que existen actualmente en el mercado español. Han conseguido la única entrevista con el presidente del tribunal que ha enjuiciado el caso del 11-M, también hay una entrevista con Rania de Jordania, otra con Mario Conde, Rafa Nadal, reportaje sobre los españoles más reconocidos internacionalmente, moda, agenda…. Es una revista muy completa, y muy interesante, a pesar de que sólo he tenido tiempo de mirarla por encima.

La portada es bastante más sobria de lo que me esperaba para un primer número, pero es extremadamente elegante y transmite elegancia y casi casi exclusividad. Bueno, eso, que ha cumplido con mis expectativas y creo que me haré fiel lectora de la publicación. A ver si alguien se anima a comentar sus impresiones sobre el tema 😛 Y a modo de regalito, os dejo la portada =)

Portada primer número de Vanity Fair España

Portada del primer número de Vanity Fair España

Casual post

Suena: Tómame o déjame de Mocedades

Estado de ánimo: acumulación de nervios y melancolía.

Pensamiento inconsistente: a pesar  de que hace casi dos años te sigo echando de menos. Lo mío es echar de menos.

Siempre he odiado que me llamen por el diminutivo de mi nombre. Hasta el punto de hacer comentarios absolutamente bordes a quien osara usarlo porque sí. Y de repente tuve que irme acostumbrando porque, por lo visto, a algunos amigos les gusta más cómo me queda que mi propio nombre. Incluso lo tengo de nick en el mail principal [nota mental: cambiarlo, para mails “profesionales” no suena demasiado bien]

Pero echo de menos especialmente cómo me lo decía C. aka K. Y más cuando vuelvo a leer su mail de aquella navidad en la que le regalé una edición especial de El Principito. Dos meses y algo más tarde, después de más de medio año deseándolo, pude abrazarle como si se me fuera a ir la vida al soltarle. Y aún me quedan ganas de seguirle abrazando.

Hace ya algunos años que vio en mí algo de lo que yo no era muy consciente, y es que […] somos especiales (putos frikis XD) y esta claro que los compromisos personales no son lo nuestro. Desde luego no son los mio y creo que lo tuyo tampoco. […] y tanto tiempo después yo sigo imponiendome un tipo de relaciones personales que ya me habían desvelado que no eran lo mío, y que yo me negaba a creer.

Supongo que llegará el día en el que me cueste más de un par de meses dejar atrás a alguien que se ha ido alejando de mí, y supongo que llegará el día en el que consiga darle dos bofetadas a alguien que me miente descaradamente y cree que puede salir impunemente del lío, y hacer como que nunca ha pasado nada y que ésto no nos ha dolido a ninguno de los dos. Pero hoy por hoy no estoy preparada.

Lo cierto es que estaba buscando otra canción que no tenía nada que ver con ésta, una de Conchita, pero me saltó ésta, de Maria Conchita Alonso versionando a Mocedades, que siempre me han gustado más la original. Y me he sentido identificada, bastante identificada con el sentimiento de disponibilidad de ella, con su “y si vuelves trae contigo la verdad, trae erguida la mirada, trae contigo mi rival, si es mejor que yo podré entonces llorar”, con la cobardía de quien busca fuera de casa lo que ya tiene dentro y no tiene el valor para dar la cara, para decir la verdad, para reconocer que ha estado jugando a varias bandas.

C. aka K. hace ya años me enseñó que la fidelidad no es estar con una sola persona y sólo con esa persona en cuerpo y alma y pensamiento, me enseñó que se pueden tener “aventurillas” fuera de una relación estable, satisfactoria y duradera y que no sea un engaño, sino una relación al margen, de la que ambos miembros de la pareja tienen conocimiento. Que se puede tener amigos del sexo opuesto sin tener que llegar a mantener relaciones sexuales con ellos, aunque se aborde el tema y se flirtee y que eso no implica, necesariamente, estar traicionando la confianza de nadie. Yo le adoraba, y me consta que él también me quería. Fueron buenos tiempos, fue muy divertido hablar durante horas simulando que ibamos a pegarnos un revolcon, y sobre todo era gratificante saber que su novia, con la que pensaba irse a vivir, conocía mi existencia y además no tenía ningún problema con ella, que hasta bromeaba con el asunto.

Varios años más tarde he pasado por una situación bastante diferente pero similar en el fondo. Él no tenía pareja cuando se propuso seducirme, y lo consiguió a pesar de que yo ya tonteaba con alguien. Fueron unos meses realmente bonitos y me sentí realmente querida y deseada. Y entonces, en el mejor momento, cuando haciamos planes absolutamente ilusionados y nos pasabamos varias horas hablando por teléfono sin contarnos nada especial, empezaron las mentiras. Y yo sabía que eran excusas, pero no quería creerlo, no queria que viera que no soy tonta. No quería que supiera que yo sabía que estaba engañandome, contandome bolas cada vez más grandes, y que ni siquiera se molestaba en recordar todas las mentiras que me había dicho para no descubrirse solo.

No necesito que traiga a mi rival. No hay rival, porque no sé qué me sedujo de él ni si era verdad o pose. Aunque lo intuyo, porque ahora mismo no estoy segura de que haya sido sincero conmigo más allá de su nombre y su afición a Lost. Creo que, como tantas otras cosas, esto ha llegado al principio de su final. Y si quiere volver, espero que tenga valor para traer la verdad por delante.

Operación salida 1

Suena: El mundo tras el cristal, de La Guardia

Estado de ánimo: nerviosa y un poco cansada

Pensamiento inconsistente: ya hemos llegado al principio del fin.

Estoy recogiendo la primera partida de cosas que llevarme a casa de mis padres. Ya he llenado una maleta de ropa y aún dejo cosas aquí para dos semanas largas. Tengo tantas cosas que me sorprende haberme podido quejar de que no tengo ropa alguna vez en mi vida. Mis compis de piso se reian porque tengo muchas cosas y yo me reia porque no tengo tantas… bueno, pues ellas tenían razón y yo no. Debe ser que la gente acostumbrada a facturar dos maletas de 21 kilos en vuelos transoceánicos calcula mejor el espacio necesario para recoger medio año de vida.

Parecía que éste momento no iba a llegar nunca, y que cada vez que se acercaba había algo para evitarlo, pero no era así. Ahora es inevitable, no hay vuelta atrás,  me voy de Bilbao y tengo la sensación de que me voy para siempre.

El día 15 dejo mi habitacion en el magnífico piso-chollo. Y menos de un mes más tarde vuelvo a empezar en Madrid. Espero que este volver a empezar marque un antes y un después, igual que hizo mi volver a empezar en Bilbao hace ya algunos años. Pero que ésta vez sea para bien. Que no se me crucen personas que pretendan aprovecharse de mí, o al menos que yo sea capaz de verlo.

Por suerte en Madrid tengo más amigos de los que tenía en Bilbao cuando llegué, que conocía a mi tío, a mi primo y a su novia y poco más. Al menos allí tengo a “mi gente”, que además proviene de diferentes épocas de mi vida. Tengo amigos de la facultad, tengo amigos de toda la vida y tengo muchos amigos hechos desde bilbao pero que, en algunos casos, ni siquiera han visto la ciudad. Y tengo la sensación de que voy a conocer a mucha más gente interesante. Y de que voy a dejar atrás algunos sacos que lastran mi caminar.

Los nervios están a flor de piel, y es que son tantas cosas de golpe que no sé donde voy a meterlas todas. Me pasa como con los trastos 🙂 pero sé que al final todo encajará.

“Hay mil maneras de seguir pero ninguna de volver.” Fito Paez.

ecuaciones diferenciales

Suena: California de Lula

Estado de ánimo: próximo a la crisis nerviosa

Pensamiento inconsistente: deja que me vaya, deshaz el jodido hechizo que me hace seguir pensando en tí.

El autobús llegaba tarde otra vez. Su profesora de álgebra no estaba nada contenta con su falta de puntualidad. Y para colmo era día de repaso. Tenía serios problemas con los límites, pero lo peor eran las matrices, todo ese horroroso desfile de números que nunca había conseguido descifrar. Llegó media hora tarde, la bronca duró otros diez minutos, y la clase se quedó en una hora y diez minutos más otros diez del descanso.

En clase había un chico que le parecia interesante, inteligente y además guapo. Jodidamente guapo. En los descansos aprovechaba para pedirle fuego con una sonrisa pícara. El sabor del tabaco era una de las peores cosas que había probado en su vida, pero estaba segura de que le daba un aire muy seductor. A los diecisiete años resultar seductora es absolutamente necesario para cualquier chica.

La clase pasó volando. Él estuvo haciendole muecas durante la última hora, después de que en el descanso intercambiaran chistes malos sobre las fiestas de números que no se integran y asteriscos con gomina. Y después se ofreció para acompañarla a casa. Pero ella había hecho sus planes ya. Iba a comer sushi. Nunca lo había probado, pero tenía reserva en el mejor japonés de la ciudad. Un plato de pescado crudo no puede ser tan caro, se decía insistentemente. Una lástima, otra vez será. Sí, quizás mañana.

Una chica misteriosa ha probado los platos más exoticos, ha bebido los cocteles más chic y ha fumado el tabaco más exclusivo. Siempre. Y ella no había probado un bloody mary en su vida, nunca fumó otra cosa que no fuera Lucky Strike y lo más raro que había comido era el pato a la naranja que preparaba su abuela en navidad.

Después de contener las arcadas con los tres primeros trozos de pescado crudo empezó a cogerle el truco. Un poco de esta mierda verde que pica como el demonio, un poco de esta cosa marrón que le da un toque saladito y a la boca, procurando no degustar demasiado. Al final de la comida ya le gustaba hasta el sabor del wasabi. Paula era una chica que aprendía deprisa. Y la comida japonesa no iba a ser una excepción.

Cuando salió del restaurante y se fue a tomar un café al local de moda se dió de frente con sus sueños. Y esta vez no pudo negarse a compartir la sobremesa con Emilio. Quizás al final cogiera gusto al álgebra.

Lo siento, odio contagiar mis defectos a mis personajes. La afición por el sushi y la impuntualidad son rasgos que he traspasado a la pobre chica, le espera una vida muy dura. El resto, como siempre, no guarda relación con nada que haya vivido directa ni indirectamente. Mañana más. Creo.

el primer día del resto de su vida

Suena: Yo me bajo en Atocha, de Joaquin Sabina

Estado de ánimo: deliciosamente perezosa.

Pensamiento inconsistente: qué será será, lo que tenga que ser será

Cuando empezó a sonar el despertador él no podía imaginarse que ese iba a ser el primer día del resto de su vida.

Se despegó, perezoso, las sábanas de la piel. Había sido una noche demasiado calurosa para ser febrero, pero el cambio de clima había sido más que suficiente para hacerle sudar entre la nieve. En Manhattan siempre hace frío, pero nunca tanto como en Siberia.

El mes estaba a punto de terminar, le quedaban apenas dos días y era hora de volver a su trabajo. Tras dos años de excedencia no podía retrasarlo más. En ese tiempo, desde que Amy le partió el corazón, se había dejado llevar a lo largo y ancho del planeta, última parada Siberia. Tras dos semanas en el destierro más absoluto supo lo que habían sentido los soldados de Napoleón y decidió volver a casa.

En su mesa había una chica preciosa, su cabeza llena de bucles, sus mejillas sonrosadas y una gota de carmín en los labios, parecía haber escapado de una película de los cincuenta. Y entonces supo que volvería a huir.

Ella nunca tuvo miedo a nada, o eso parecía, aunque tras dos semanas de charla intrascendente la cosa cambiaba un poco. Con la entrada de la primavera llegó la primera cita. Era todo perfecto. Sus facciones eran perfectas, su cuerpo, aún dentro de las imperfecciones que ella disimulaba como una reina de la alta costura, era perfecto, su pelo, ensortijado, brillante y suave era perfecto. Y aquella noche brillaba más perfecta que ninguna otra mujer en el Sushi bar.

Iban a toda velocidad, sin ni siquiera pensar en echar el freno. Ella se dejaba vencer por los avances de él, que siempre eran un poco más agresivos de lo que otras mujeres hubieran soportado. Ella tenía una historia inacabada, con un excompañero de trabajo que se había ido a la delegación de Londres para olvidarse de ella, que no quería olvidarse de él. Esa confesión hizo mella en la seguridad de nuestro amigo, que empezó a  recular.

Pasó meses quedando con ella, llevandola a cenar a los sitios más glamourosos de la gran manzana, y sin atreverse a dar un paso más. Ella esperaba impaciente, cada noche se vestía con sus mejores galas, se maquillaba lo justo para no salir sin maquillar y colocaba aquí y allá complementos que marcaran dónde tenía que ir a parar la mirada de él. Pero no parecía darse cuenta de nada.

Un buen día, al llegar a la oficina, vió a una rubia esqueletica, con una coleta alta y tres kilos de maquillaje en el escritorio de Nikki, el corazón le dió un vuelco y salió corriendo al despacho de Megan, su jefa.

El llamó a la puerta de cristal, que tenía las cortinas abiertas, y vio cómo Megan se levantaba para abrirle personalmente. Llevaba un sobre en la mano y antes de que nadie dijera nada él ya sabía que era una despedida. Le dio su carta y le ofreció un abrazo que sabía que iba a necesitar. Pero él aún no lo sabía, así que amablemente lo rechazó y se fue a su mesa.

La carta era de Nikki, explicaba que no podía permitirse que siguiera destruyendo su autoestima, que no podía permitirse que siguiera mirando a otras chicas cuando salía con ella, que se ponía sus escotes más pronunciados y su mejor sonrisa. Confesaba que desde la tercera noche estaba esperando a que la besara, pero que la sombra de Amy no permitia que ella diera el paso. Le pedía que no fuera a su casa a buscarla, porque estaba realmente encantada con su apartamento, y que había sido suficientemente doloroso tener que cambiarse a otra oficina y deshacerse de su viejo número de teléfono, que no estaba dispuesta a renunciar a nada más y que lo sentía mucho.

Él se dio cuenta de que había estado haciendo el ridiculo, quedando en evidencia delante de sí mismo, supo que su inseguridad le había jugado una mala pasada y que Nikki encontraría a otro con una enorme facilidad mientras él seguía preguntandose por qué Amy se había ido y por qué nunca tuvo valor para besar a Nikki.

A veces hay que tener cojones para hacer algo después de pedir la primera cita. Y queridos amigos, nuestro protagonista de hoy se dio cuenta de la forma más agresiva.

Y por otro lado, no puedo parar de escuchar canciones de Sabina sobre Madrid, ¿por qué será?

Alma de chocolate

Suena: Chocolate de Kylie Minogue

Estado de ánimo: demasiado dulce, hoy me pican los mosquitos 😀

Pensamiento inconsistente: hay poesia hasta en la publicidad… manda eggs.

Para el alma:

Algo ha de congelarse en mí para poder detener en un instante

tu sabor, tu olor, tu dulzura…

y guardarlas para siempre en el cofre de mis deseos.

Ni más ni menos que ese slogan viene en la caja de un helado de chocolate de una heladería de Bilbao que se llama Alma de chocolate y abrió en 2005.

Me parece increible que la poesia más bonita que me han dedicado en el medio año que llevo viviendo aquí haya sido de ese tipo. Caramba, que viene de una heladeria, y con el embalaje de serie, es que no es justo!

Leía ayer en la fmh o fhm o como sea que Almudena Cid, pedazo de pivón gimnasta olimpica unas cuantas veces, donostiarra de nacimiento, decía en la entrevista que ella empezó a ligar cuando se fue de San Sebastian. Joder, si a una pedazo de tia como ella no le entraron, ¿qué nos queda al resto de las mortales? Pues nada, conformarnos con las frases de las cajitas de helado, porque no anda el horno para mucho bollo, así que nada de repetir helado XD que la crisis es la crisis.

Y por si fuera poco hoy nos toca Ladys night, y nos vamos a tragar dos comedias románticas en casa para terminar de hundirnos en la miseria… que mal aprovechaditas estamos, por wos!

Cuenta atrás

Suena: Pongamos que hablo de Madrid, de Joaquín Sabina.

Estado de ánimo: pues nerviosa, ¿qué esperabas?

Pensamiento inconsistente: Veo una viiiiiiiiiiida nuevaaaaaaaa

Quedan menos de dos meses para que me mude y empiece mi ansiado curso. Me siento super extraña, me muero de ganas de irme a Madrid, hace años que es mi objetivo, y ahora que lo tengo a la vuelta de la esquina me entran los nervios. Además cada dos semanas toca hablar de ello 😀

Espero que comience una época buena, porque llevo una racha que debe terminarse ya de una buena vez. Últimamente me ha dado por echar de menos a C. alias k., básicamente desde que no sé qué partes de verdad he creido y que partes de mentira provenientes de A., aunque eso ya da bastante igual, porque no creo que vuelva a volver, y tampoco veo excesivamente probable que yo vaya a arrastrarme otra vez por él, y menos en la situación actual.

Ya tengo piso, en principio para todo el curso, aunque habrá que ver cómo se van desarrollando los acontecimientos. Espero que todo vaya según los planes iniciales y no tenga que ponerme a buscar en octubre, porque no tengo ninguna gana de buscar antes de conocer la ciudad. Tengo tantas ganas de conocerlo todo que no sé por dónde voy a empezar. Tengo que hacerme con guias de ocio y con calendarios de actividades interesantes. La parte del rastro ya la conozco, gracias a mis múltiples visitas a la ciudad, pero me falta tanto por ver… Estoy que no me lo creo, por momentos histérica y por momentos feliz y pletórica. Y todo esto con los otros nervios. Llevo para mí y para todos mis compañeros, si echáis de menos la sensación del hormigueo en el estómago y eso avisadme que os mando unos pocos. No son exactamente los mismos que los del enamoramiento incipiente, pero pueden valer.

Las niñas ya no quieren ser princesas

y a los niños les da por perseguir

el mar dentro de un vaso de ginebra

pongamos que hablo de Madrid.