Sale el sol.

Sonando: La casa por el tejado de Fito y los Fitipaldis.

Estado de ánimo: mejorando.

Pensamiento inconsistente: parece que fue mañana. 

Me levanto temprano, me siento delante de mi flamante Sony Vaio para leer la prensa. Salgo a la cocina aún con una legaña perezosa. Saludo a Will. Pregunto si quiere café. Nada para mí, gracias.  Pongo la cafetera que tarda un siglo en darme mis pilas. Preparo un sandwich de atún. Extraño desayuno, pero aún no ha llegado la compra y me gusta desayunar salado. Añoro mi nevera, siempre con pechuga de pavo y jamón de york. Añoro mi café de Kenya. Me sirvo una taza enorme de café con un poco de leche. Es probable que muera de sobredosis uno de éstos días. Vuelvo a mi escritorio. Recuerdo que anoche me preguntaron por alguien. No supe responder. Me invade una sensación extraña. Conecto al irc. Charlo. Veo pasar los minutos. Tengo que hacer cosas. Joder, es viernes, mierda, en mi calendario ayer era viernes, malgasto media mañana. Me quejo de que no llega la compra. Salgo a la cocina y me encuentro a Valeria haciéndose la comida. Ha pasado la mañana y lo único productivo que he hecho ha sido revisar varias cuentas de correo electrónico y ojear la portada de algún diario nacional. No recuerdo las noticias, pero no me preocupa, nunca hay nada nuevo bajo el sol. Estudio un rato. Me alegro ante la perspectiva de comer carne diferente de lomo de cerdo. Me encanta ser la encargada de la compra. Vuelvo a la cocina. Pruebo la pasta al pesto que me ofrece Valeria. Puaj! no me gusta, no sé definir por qué, pero sobre todo la textura me resulta desagradable. Hago láminas con un ajo, caliento un poco de aceite, doro el ajo, pongo el filete de ternera a toda mecha, vuelta y vuelta. Abro un paquete de zanahoria rallada, cojo un poco, aliño y me siento. Termino de comer, la carne me recuerda a la de mi casa. Está exquisito todo. Gracias eroski. Recaliento una taza de café mientras pienso que quizás hoy sea el día. Tengo que ir al centro. Necesito un pendrive. Necesito tipex. Necesito un abrazo. R. me da una ración de CiberCariño. Lo agradezco de corazón. Necesito un abrazo. Sale el sol en mi horizonte. Escribo ésto mientras pienso que he vuelto a empezar la casa por el tejado. Echo de menos algo. Y sólo A. puede dármelo. Quizás sea un buen día. Me miro en mi espejo imaginario con benevolencia: pues no estoy tan mal. Y, como dice C, tengo una boca que vale por un piso en la Gran Via. Esta tarde salgo a darle un mordisco al mundo. En el culo.

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Una respuesta

  1. Je… Muy bueno… De sencilo que es, es muy bueno. Una historia de cualquiera, contada por una boca especial… Con esa mezcla no podia salir nada malo (salvo algun punto y aparte que se echa en falta :P)

    PD. Algun dia hablaremos de corazones y pisos en mahattan.

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